Sacudió su cabeza con fuerza, negando. Esto se tenía que terminar. Cumpliría con su trabajo y luego regresaría a su vida habitual, lejos de D’monte; eso era lo mejor. Abrió los documentos que le entregaron esa mañana, su nueva identidad. Había pensado muy bien las cosas; Dimitri no era alguien fácil de engañar, y con esto podrían despistarlo un poco. Alzó su identificación, mirando su foto junto al nombre de Susan Gi; tenía que admitir que el nombre le gustaba. Los guardó de nuevo y los puso en uno de sus cajones antes de encender la portátil. Estaba a punto de empezar a trabajar cuando tocaron a su puerta. —¿Sí? —Perdón, Catherine, pero Ken está en la sala. Dice que no le respondes las llamadas y que ha venido aquí a hablar contigo. No se irá hasta que lo hagas —Sansa sonó avergonzada.

