—Te lo juro. —Catherine siguió su cometido, arañando con lentitud la suave piel del pecho de su esposo. Era increíble, sin mencionar la dureza de este; tenía que reconocer que, aunque pasaran los años, él seguía siendo el mismo hombre ardiente y sexy que conoció hace diez años, su hermoso adonis. No había cambiado en nada, Marcus seguía tan imponente como siempre, con ese toque de seducción que dejaba a más de una mujer babeando por él. —¿Acaso tratas de seducirme? —Marcus musitó con calma y hasta con una pizca de gracia. La rubia sonrió de forma ladina mientras desataba el nudo de su bata y se maravillaba con la imagen del cuerpo de su esposo. Como suponía, ya se encontraba duro y la señalaba a ella como la elegida. —Sabes, hay algo que quiero hacer desde hace mucho tiempo. —Cathe

