Axel Espero con impaciencia la llamada de Abel. La sola idea de volver a tener a mi hija a mi lado, me hace ser el hombre más feliz del infierno en el cual vivo. No he pegado el ojo en toda la noche, al igual que todos los presentes en la sala quienes escurriñan con la mirada el teléfono. Miro la hora en el reloj de mi muñeca; 6:28 am, doy pequeños golpes con mis dedos en la mesa, sin poder esperar sujeto el teléfono, y busco entre los contactos y presiono para llamarlo. Uno, dos timbres. —Impaciente como siempre—susurra Rebecca, negando con la cabeza. Volteo los ojos. —¡Aló! —responde Abel aclarando su voz. —Como está Alexa, llegaron al lugar que te indiqué. —Si señor, estamos en el hotel que usted indicó...—asegura. —Nadie los persiguió, te aseguraste de eso...—indago. —No, na

