Había pasado medio año desde que escapé de la casa de Jeremy, no pudimos encontrar a Max, luego en el lugar que me escape habia un cadaber su rostro estaba irreconocible. Me encontraba en un restaurante, cenando con Abel, el hombre que me había cuidado y protegido después de mi escape. De a poco, había empezado a gustarme, y eventualmente, nos habíamos enamorado. Mientras cenábamos, Abel se puso de rodillas y me miró con una sonrisa nerviosa. Saqué una cajita de su bolsillo y la abrió, revelando un anillo de compromiso hermoso. Me pidió matrimonio con una voz temblorosa, y yo, sorprendida y emocionada, le grité que sí. Tres meses después, estábamos en el altar, celebrando nuestra boda. Todo era tan bonito y perfecto. Mi padre, aunque no le gustaba la idea de que me casara con Abel, esta

