Leonardo Estaba observando a la mujer con la que comparto mi cama sin creérmelo, Ludmila acababa de amenazar de muerte a una chica solo porque estaba siendo amable conmigo y ellas, pero sobre todas las cosas no entendía porque ella hablaba en su lengua, si claramente la chica no entendía lo que decía. Sabía que me había coqueteado un poco, pero estaba acostumbrado a que las mujeres me coquetearan de vez en cuando, que ella había sido un poco más descarada que otras, de eso no había duda, pero a mí no me interesaba la mujer que estaba del otro lado del mostrador, yo tenía ojos solos para mi chica. — Señor – la chica me volvió a hablar y Ludmila se colocó enfrente de ella enojada. — No cariño, acá nada de hablarle a él – di un paso para acercarme, pero Ana tomó mi brazo y negó. —

