Capítulo 3

2719 Palabras
Aunque hubiera pasado esa pequeña prueba el día que Kenner se fue, los siguientes días fueron un reto para Amy. Hassel se encargó de hacerle saber que no se las dejaría fácil, así que el resto de la semana Amy hizo todo tipo de recados para su estricto y malvado jefe, desde tener que archivar, organizar, guardar y revisar todo tipo de documentos nuevos con la intención de reemplazar todo lo que su antiguo secretario hizo, hasta el centro de la ciudad para reunirse con clientes con la orden de volver en menos de una hora. Cuando Amy se fue, Hassel revisó su curriculum y miró con curiosidad la foto que había en la hoja. Ahí llevaba el cabello atado en una coleta, dejando al descubierto todo su rostro de porcelana, era una bonita foto a color. Enarcó una ceja cuando leyó su edad y la universidad de la que se graduó, era bastante joven en comparación a él, 25 años. Fuera de haberse graduado con honores de la universidad, no había nada especial en su área laboral por la que su madre debió verla como una mujer especial o sobresaliente. Hassel sospechaba que debía haber algo más implicado alrededor de Amy. Enviarla con quien sea que fuera la persona que él no quería ver por tener cosas más importantes de las qué encargarse, fue la mejor manera de alejarla de la oficina por un momento. Además, si ese cliente fuera importante él lo hubiera sabido. Pero solo era medio día y Amy ya había derramado dos tazas de café, se equivocó con un par de copias y se cayó unas tres veces. Alguien tocó a la puerta cuatro veces en un ritmo alegre antes de entrar. Era Mynor Gastrell, el menor de sus hermanos, quien caminó hasta sentarse en el sillón vacío frente a su escritorio. —¿Qué quieres? —le increpó Hassel de inmediato. Mynor suspiró con pereza, recostándose del sillón. —Mamá llamó. Algo sobre una secretaria. No le creí por supuesto, tú nunca aceptarías a una mujer como secretaria. Pero estaba muy insistente con eso de que te preguntara porque no contestas sus llamadas. —Creí que ya habló con Kenner sobre eso. Mynor enarcó ambas cejas sorprendido, entonces se dio cuenta del curriculum que estaba a un lado de la laptop. —¿Le diste el trabajo a una mujer? Hassel se limitó a revisar la hora en su reloj digital de mano, entonces volvió su atención a la pantalla de su laptop. —No por mucho tiempo. Mynor se tomó la libertad de tomar el curriculum de Amy y revisarlo por sí mismo. —Se graduó con honores y viene de la sucursal de Norwich, donde vive mamá—enarcó ambas cejas con apreciación, sin embargo, cuando vio la foto, olvidó lo importante—. Caray, es una muñeca esta mujer. Hassel no hizo ninguna expresión, pero no podía estar más de acuerdo con su hermano. Había conocido mujeres hermosas, elegantes, poderosas, y sin embargo ninguna se podía comparar con la belleza inocente de Amy. —¿Dónde está? Me gustaría conocerla—preguntó Mynor, sonriendo seductoramente mientras miraba la foto de Amy. —No está, la envié a encontrarse con un cliente. —Debe ser muy competente para que la envíes sola en su primera semana de trabajo. Recuerdo que a Kenner le diste unos meses de preparación. —Ella es un dolor de cabeza, por eso la quiero fuera de mi oficina todo lo que pueda. Mynor frunció el ceño. —Pero es tu secretaria, se supone que debes estar tan cerca de ti como pueda. Creo que no debió ir sola si es la primera vez que lo hace. —Le di claras instrucciones de lo que debe hacer, si no logra llevar a cabo un trabajo tan sencillo como ese, entonces no puede continuar a mi lado. Simple. —Como sea, ¿con quién la enviaste? Hassel no se había tomado la molestia de leer el nombre del cliente, simplemente le dijo a Amy que fuera sola cuando ella apenas logró avisarle que tenía una reunión al medio día. Por curiosidad buscó su agenda y revisó el nombre del cliente. —Marlon Taylor—contestó Hassel con indiferencia. Cuando Hassel miró a su hermano notó el deje aprensivo en su mirada. —¿Eres idiota? ¿Cómo puedes mandarla sola? Hassel frunció el ceño. —¿Cuál es tu problema? Ya te dije por qué lo hice. —¿Y si le sucede algo por tus locos métodos? —¿Qué le puede suceder estando con un cliente? —¿No sabes quien es Marlon Taylor? Es un tipo morboso que cuando bebe se pone peor. Solo le basta un sorbo de alcohol para dejar que sus manos sean libres y suele dar eso como excusa para zafarse de los problemas. Lo sé porque salí con una chica de su compañía. —Disculpa si pienso que tu fuente de información no me parece confiable. Mynor dejó el curriculum de Amy sobre el escritorio y se encogió de hombros. —Supongo que tu sentido de lo que es correcto se nubla por el juicio que tienes contra las mujeres, hermano. Hassel se detuvo y consideró por un momento lo que su hermano le dijo. ¿Cuántas probabilidades había de que una de las conquistas pasajeras de Mynor tuviera razón? De cualquier forma, si había algo que debía considerar es su error al enviar a Amy sola cuando era su primera vez tratando a solas con un cliente. Finalmente, Hassel se levantó y tomó su chaqueta para salir. —¿A dónde vas? —preguntó Mynor, siguiendo a Hassel hasta la puerta. —Espero que tengas razón, o de lo contrario te despido. Mynor movió negativamente su cabeza y miró a su hermano mayor de forma despectiva. Nunca iba a entender a sus hermanos mayores, ambos tenían un problema serio con el sexo opuesto, todavía más su hermano Emmett. —No puedes despedirme. Hassel lo ignoró y llamó a su chofer. De repente se sintió enfermo de solo pensar que otro hombre tocara a Amy, y no solo por eso, sino que la culpa lo comenzó a envolver. ꧁꧂ Amy supo desde el momento en que se presentó ante el Sr. Taylor, el tipo de hombre que era. Los había conocido parecidos desde que se convirtió en una bonita adolescente, por lo mismo no salía sola de casa, ella era una presa fácil, y eso se volvió en una realidad cuando trabajó en la empresa de Norwich. Sin embargo, se llenó de valor de nuevo y se consoló así misma con la idea de que estarían en un lugar público y no podría hacer otra cosa que hablar de negocios. Su coraza cayó cuando resultó que el Sr. Taylor reservó una mesa privada, que estaba apartada en una de esas habitaciones VIP del restaurante c***o al que habían ido. Entonces eran solo ella y el Sr. Taylor, su primer trabajo importante, así que, aunque estaba asustada pensó que no podía dejar pasar la oportunidad de demostrarle a su tirano jefe que las mujeres podían hacer el mismo trabajo que los hombres, sobre todo ella. Sin embargo, durante más de 30 minutos el Sr. Taylor evitó los temas laborales y saltó a lo personal en cada oportunidad que se le apareció, causando que Amy se sintiera cada vez más incomoda. —Dígame, ¿cómo es ser la secretaria de Hassel Gastrell? —le preguntó el Sr. Taylor, meneando el vaso de Wiskey en sus manos—. Escuché que odia a las mujeres. Amy hubiera querido contestarle que estaba en lo cierto, pero uno de sus trabajos como secretaria era cuidar la vida personal de su jefe. —No he escuchado nada sobre eso—se limitó a contestar Amy. El Sr. Taylor sonrió de lado. —Es usted muy buena cuidando de su jefe. ¿No le interesaría trabajar para mí y cuidarme? Amy hizo todo lo posible por no hacer una mueca de asco. Hassel no era un jefe fácil, pero estaba segura de que no la haría sentir como si en cualquier momento abusaría de ella. —Gracias por la oferta, pero estoy bien con mi trabajo. El Sr. Taylor asintió y se tomó el restante de su vaso de un solo trago. Amy lo observó incomoda, ya había pasado mucho más del tiempo que Hassel le había dado para volver, estaría metida en problemas, pero no había logrado sacar la información que su jefe le había pedido porque ese hombre estuvo todo el tiempo coqueteándole. —Debo irme—anunció Amy, dándose por vencida—. Mi jefe me espera. —Pero todavía faltan muchas cosas por hablar—le increpó el hombre, sujetándola del antebrazo con firmeza—. No se puede ir o hablaré con Gastrell de lo impertinente que fue todo el tiempo. —¿Qué yo fui impertinente? —Amy enarcó las cejas, estupefacta, e intentó soltarse—. Déjeme. —Con la fama que tiene de detestar a las mujeres, ¿a quién cree que le va a creer? En su fuero interno Amy sabía que era verdad, y si llegaba sin toda la información que Hassel le había pedido se metería en más problemas. Cuando Amy no se movió para irse, el Sr. Taylor sonrió victorioso y movió una mano hacia su falda. —Nos estamos comenzando a entender. De inmediato Amy alejó su mano, aunque todavía no se podía soltar del agarre en su antebrazo. —¿Qué está haciendo? —Vamos, has lo que sabes hacer mejor. Con ese cuerpo y ese rostro ya entiendo por qué incluso un antipático como Hassel te quiere cerca. —¿Qué está insinuando? —Has conmigo lo que haces con él. Amy lo empujó de inmediato, logrando soltarse de su agarre. Así que se levantó e intentó huir, aunque estaba dejando su bolso en la mesa. Sin embargo, el Sr. Taylor se levantó rápidamente y sujetó un pedazo de delicada tela de su blusa beige, causando que ésta se rompiera y cayera por su hombro, dejando al descubierto parte de su brasier n***o. —¡Auxilio! —gritó Amy, dándose cuenta finalmente que estaba en una situación realmente peligrosa cuando el hombre la acorraló contra la pared. —Shh, Barbie. Disfruta. —¡No me llame así! —gritó Amy indignada. De repente la puerta se abrió de golpe, Hassel entró y sin pensarlo una vez, golpeó al Sr. Taylor en la cara, quien cayó al piso a causa del impacto. En seguida Amy intentó cubrir su pecho cuando notó la mirada severa de Hassel sobre ella. —¿Cómo se atreve? —le gritó el Sr. Taylor. Hassel se acercó solo un par de pasos antes de que el hombre se retorciera hacia atrás con miedo. —Está demás decir que Amy levantará cargos por esto, y que debe olvidarse de tratos con Horizons Gastrell. Bueno, de cualquier forma, no creo que pueda preocuparse por eso en la cárcel. —¿Qué? Hassel le dio la espalda y se quitó la chaqueta para colocarla sobre los hombros de Amy y así cubrirla. Amy se mantuvo en silencio cuando Hassel comenzó a abotonar la chaqueta por ella. Estaba tan cerca que su cuerpo la cubría de la asquerosa mirada del Sr. Taylor, y eso la aliviaba. —Espera, no puedes… fue un mal entendido. —Cierra la boca—cortó Hassel con sutil tono amenazador cuando finalizó con la chaqueta. Entonces se volvió de nuevo hacia el Sr. Taylor—. Si se vuelve a cruzar en mi camino o en el de mi secretaria, le romperé la nariz. ¿Me hice entender? Hassel no esperó una respuesta, alcanzó el bolso de Amy, la tomó de la muñeca y la arrastró fuera, no sin antes hacer una parada en recepción para denunciar lo que sucedió. —¿Qué clase de restaurante no se da cuenta de estas situaciones? —masculló Hassel, dialogando para sí mismo mientras salían del establecimiento. Mientras tanto Amy se mantuvo en silencio, no porque estuviera asustada o en shock por lo que el Sr. Taylor estuvo a punto de hacerle, fue la heroica aparición de su jefe quien la conmocionó. ¿Eso significaba que no pasó la prueba? Se preguntó con preocupación en su mente, ¿me despedirá porque no llegué a tiempo? ¿Por eso apareció de repente? Tan pronto como estuvieron en la acera, el chofer de Hassel estacionó el auto en frente de ellos. Hassel fue quien abrió la puerta para ella esta vez. Amy se concentró en el camino mientras el carro avanzó, no quería enfrentar todavía la inconformidad de su jefe. —¿Estás bien? La inesperada pregunta de Hassel la tomó por sorpresa. No podía ignorarlo así que se giró hacia él. —Sí. Hassel respiró fuertemente por la nariz y posteriormente pasó una mano sobre su rizado cabello n***o. Él era guapo en todo momento, incluso cuando la miraba con esos enojados ojos aceitunados que se volvían más verdes cuando la ira se acumulaba. —¿No se te ocurrió gritar por ayuda desde el primer momento en que se sobrepasó? —Créame que estoy acostumbrada—se limitó a decir ella con calma—. Me ha pasado toda mi vida así que digamos que lo puedo manejar. Hasta cierto punto, por supuesto. —No deberías dejar que llegue a ese punto para salir de ahí. —Usted no me dejó una opción diferente, ¿o sí? Hassel frunció el ceño y sintió como si lo atravesara una flecha de culpabilidad. —Usted dijo que debía volver con cierta información y a cierto tiempo—continuó Amy con la misma calma—, debía cumplir con eso o continuaría pensando que soy una incompetente. Bueno, sí soy muy torpe, pero le aseguro que sé lo que hago, amo lo que estudié y me apasiona. —Eres una tonta—masculló Hassel, incapaz de ser menos mordaz—. No volverás a salir sola. Irás conmigo, aun tienes mucho que aprender. Amy se giró por completo hacia él, mirándolo con los ojos bien abiertos de esperanza. Hassel notó cómo su cabello cayó por sus hombros y pecho cuando hizo aquel rápido movimiento. Se veía hermosa, como una muñeca mientras lo veía. —¿No me va a despedir? —No, señorita Bread, no la voy a despedir, aún. Ella suspiró aliviada. Él se guardó para sí mismo el hecho de que despedirla ya no era una opción. Así que con entretenimiento la vio relajarse visiblemente. Aunque cuando se recostó del asiento, su estómago volvió a gruñir. —¿Nunca dejas de tener hambre? —le increpó Hassel de forma acusadora. Ella se mordió el labio avergonzadamente. La verdad era que desde que llegó a Londres solo había pasado sus noches y días estudiando todo sobre la central de Horizons Gastrell para estar al nivel de su jefe, por lo mismo no había comido bien las últimas dos semanas. Y en la actualidad, Hassel no le dejaba ni un momento para respirar. —Soy un poco distraída con mi alimentación—murmuró Amy. Era una mentira, a pesar de tener un cuerpo de Barbie, comía como camionero, es por lo que su estómago resentía la poca comida que ahora ingería. Aunque tampoco quería que él supiera su forma de comer, una chica que podía comerse 3 hamburguesas asustaría a cualquier hombre. —Pero estoy bien, volvamos a la oficina—añadió Amy. Hassel asintió inocente ante lo que ocurría en la mente de su secretaria y volvieron a la empresa. Amy continuó con su jornada laboral, solo alcanzó a comer unas galletas y una taza de café cuando se encontró sola en su escritorio, su primera comida en el día. Amy vivía sola un pequeño apartamento tipo estudio que estaba al sur de Londres, una zona peligrosa de la que ella ya había sido advertida por Kenner, pero el dinero con el que viajó hasta la ciudad no le permitía darse lujos, por lo menos no hasta que recibiera su primera paga. Por suerte ella solo tomaba un taxi que la dejaba en las puertas de su apartamento, entonces ella entraba rápidamente.
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