—¿Ya tienes un vestido para el evento, Amy? —preguntó Erika. —Puedo usar cualquier vestido en mi almario que se ajuste a la ocasión. —Iremos a comprar un vestido para ella esta tarde—declaró Hassel, revisando el menú. Erika sonrió con emoción. —Oh, ¿puedo darte un consejo sobre vestidos para ese tipo de eventos, cariño? Amy asintió con una sonrisa dispuesta. —Por favor. —Dorado, usa algo dorado—recomendó Erika mirando hacia el techo, como si pudiera imaginar a Amy con un vestido dorado. Amy lo reflexionó por un momento, ya que no había usado nada dorado en su vida. —¿Usted cree? —Claro querida. Eso iría bien contigo. Te verás como una diosa griega—declaró Erika, levantando las manos con efusividad. —Gracias. En ese instante el teléfono de Hassel volvió a sonar. Cuando

