Ese día Amy llevaba una falda de tubo azul oscuro, combinada con una blusa de satén beige con cuello en v y mangas largas. Su cabello estaba atado en una coleta alta, dejando que unos aretes de perlas blancas quedaran a la vista en sus orejas, y rodeando su cuello, un delicado collar sin dije. Aquellos ojos azules y profundos como el azul del mar se posaron sobre él cuando dejó el café sobre su escritorio y Hassel se quedó sin palabras. —¿Señor? —la delicada voz de Amy lo sacó de su hechizo. —¿Qué? —contestó Hassel seriamente, volviendo a concentrarse en su trabajo. —Uhmm, quería hablar con usted de algo. Por lo general, los fines de semana deberían ser sus días libres, a menos que tuviera un evento al cual asistir con él, pero no era el caso del sábado en la noche. Así que, aunque

