En vez de quedarse congelada, Amy le hizo caso al consejo de su amiga Evelyn, levantó sus brazos y atrapó el cuello de Hassel, lo jaló hacia ella y lo besó en los labios. Hassel reaccionó de inmediato, sus manos recorrieron el cuerpo de Amy mientras se movían hacia su cintura y la sujetaba con firmeza para acercarla a sí mismo. —Lleva ese vestido—dijo Hassel al separarse de sus labios—. Es el vestido que quiero arrancarte la noche en que volvamos a mi apartamento. Después de comprar el vestido, visitaron un par de tiendas más para comprar zapatos y joyas a juego con su vestido. A Amy no le importaban esas cosas, el verdadero lujo y tesoro para ella fue pasar el resto de la tarde con un Hassel que se esforzó en tratarla de forma dulce, como nunca trató a nadie. La perspectiva de que sol

