Vox estaba de pie, paralizado por la frustración. El maldito mercader había hecho estallar algún tipo de bomba de aromas en el sistema de ventilación y toda la nave olía a aceite y sudor, dos olores que cubrían cualquier rastro que hubiese podido captar de Riley. Y, para rematarlo, aquel maldito bastardo se había frotado la misma sustancia por toda la ropa. Se dio la vuelta cuando se acercó el líder del Equipo Tres, pero el guerrero negó con la cabeza. ―Nada, mi señor. Vox volvió a centrarse en el mercader, que no dejaba de cambiar su peso de un pie al otro entre los dos guerreros que se habían situado junto a él. Vox dio un paso amenazante hacia el macho empapado en sudor y su rostro se ensombreció cuando el Equipo Dos le informó de que no habían encontrado nada en la zona de las cabin

