Epílogo ―¡Dónde está mi maldita escopeta! ―rugió Pearl―. ¡Voy a llenarle el culo de plomo si no baja ahora mismo! Déjate de sal; sois unas criaturas que simplemente os dedicáis a lamerlas, incluso si la tenéis incrustada en el culo. Viper apretó los puños con fuerza a ambos lados del cuerpo y contó de veinte hacia atrás; era una de las pocas cosas que lo ayudaban a no agarrar a la abuela de Riley y Tina por el cuello, e incluso así la perspectiva le resultaba increíblemente tentadora. ―Llegará a tiempo para la ceremonia ―gruñó―. Y no me lamí el culo. Pearl lo miró con una expresión que dejaba muy claro que no lo creía. Tina estaba apartada y se negaba a mirarlo, algo que lo enfurecía todavía más. Había creído que salvarle la vida haría que fuese más receptiva con él, ¡pero no! Tina

