Entró de manera abrupta al estudio de su jefa, era irrespetuosa su entrada pero pero debía hablar, de otra manera sentía que explotaría.
Valentina la miró con sorpresa no esperaba verla allí y menos tan tarde.
—¿Qué haces despierta tan tarde? —cuestionó la pelirroja quitándose sus anteojos haciendo a un lado el libro que tenía en sus nanos—, debes descansar...
—¿Por qué le dijo que si? —replicó airada la pelinegra.
—¿Ah?
—Gabrielle, hablo de mi hermana ¿Por qué la dejó trabajar aquí? —cuestionó acercándose al escritorio—, yo le dije que nos iríamos de la mansión, no hacía falta meter a mi hermana pequeña en esto, usted ya ha hecho mucho por mi y Gabrielle me da p...
—Pena —finalizó Valentina lo que la joven pelinegra pensaba decir—, tú y la pequeña Gabrielle definitivamente son hijas de su madre, ambas igual de tercas, si acepté es porque no quiero verlas pasar carencias y es lo que pasará en el momento que se vayan, tú necesitas reposo y Gabrielle es una niña...
—Volveremos a casa.
—Fabien no puede con él, ¿Enserio crees que podría con ambas? —se levantó de su asiento y se acercó a la pelinegra del brazo inmovilizado mirandole fijamente—, Juliette acepté tu condición para vivir aquí no fue mi intención que fueras una empleada de servicio sin embargo respeté tu decisión y en parte te admiro, pero piensa un poco las cosas y es mejor que Gabrielle continue sus estudios aquí y pues si quiere trabajar está bien no lo impediré. —Dijo decidida la pelirroja.
—¿Por qué lo hace? —empero Juliette sosteniendo su brazo.
—Por que no hice lo correcto antes, Hanna se desapareció y yo no hice el intento de buscarla.
—No debe sentirse así...
—No linda es más fuerte que el remordimiento, siento la obligación de hacer de tí y tu hermanita mujeres de bien, independientes prepararlas lo mejor que pueda. —Dictaminó Valentina.
—Le agradezco. —Se limitó Juliette a responder, luego salió del estudio dejando sola a Valentina.
•••
Han pasado casi tres años desde que comencé, a ser parte del servicio de la mansión Lombardi, se suponía que solo sería mientras mi hermana cumplía su reposo, pero pues seguí trabajando aún después de que Juliette se recuperó. Tenía varios motivos por los cuales seguí allí trabajando: la primera de esas razones era que dos sueldos era mejor que uno, la segunda era que debía ahorrar para ir a la universidad, ya estaba en mi último año de preparatoria, la verdad trabajar me ayuda a no pensar y por último, papá está todo endeudado y si no pagamos puede perder la casa y pues Juliette y yo no queremos perder la casa de nuestra madre.
Preparaba el desayuno de la señorita Sofia, ella y Artemis se casaron hace un año y por pedido insistente de la señora Valentina ambos viven aquí, Artemis a culminado su primer ciclo de quimioterapia para él ha sido un año complicado pero aún así sigue intentando.
—La fruta perfectamente picada, el omelette de claras está listo y las tostadas de pan de centeno, queso mozzarella y jugo de naranja están listos la señora está intentando nuevamente ¿Verdad?
—No lo sé Sisi. —Me encogí de hombros, haciendome la desentendida, Sofia y Artemis previniendo la situación de Artemis tomaron cartas en el asunto y decidieron guardar material genético, para a futuro poder ser padres, ya que era un deseo de ambos.
En el primer año de matrimonio la señorita Sofia lleva dos intentos y ninguno ha llegado a termino.
—No te hagas Gabrielle sabes que cuando, la señorita pide tanta comida, es porque cree estar embarazada.
Suspiré cansada, a veces Sisi se excedia de curiosa. Tomé la charola con el desayuno y me disponía a irme pero Carlota y mi hermana venían entrando a la cocina.
—Gabrielle lleva el desayuno a la señora Sofia y vuelve hoy tenemos mucho que hacer.
—¿Qué? —dije algo molesta, pues carlota sabe que los fines de semana, son libres para poder estudiar, estoy en mi último año de preparatoria.
—Si ya lo sé niña pero hoy abra una cena importante y vendrán personas allegadas a la familia, por orden del joven Helios no se contratará agencia de buffet ni festejo, así que tocará hacer todo nosotras mismas. —Comentó el ama de llaves con cierto tono de empatía.
—Esta bien. —No tenía de otra, detrás de Carlota mi hermana me miraba suplicante.
—Perfecto ahora ve, no hay tiempo que perder.
•••
Caminaba por el pasillo del segundo piso, toqué tres veces la puerta, al oír la afirmación de la la señora Sofia entré. La vi con sus ojos algo rojos y su rostro hinchado, al ver la ropa de bebé en su cama entendí porque su estado, tan demacrado, otro intento fallido supuse con pesar por ella.
—Llevate eso Gabrielle. —Pudió Sofia.
—Pero señora, el señor Artemis me pidió que...
—Gabrielle por favor no quiero comer, solo déjame sola si. —Pedía la morena en un hilo de voz.
Me dolía verla así, en el tiempo que llevo conociendo a esa chica le he tomado apreció, a pesar de verse perfecta e inalcanzable, Sofia Lombardi no era la típica top model superficial, todo lo contrario era un alma sensible, a veces algo rota y triste.
Tomé la fruta picada y me acerqué a ella. —Almenos coma algo de fruta si.
—No por favor Gabrielle llévate todo.
—Coma un poco por favor si —no quería ser atrevida, pero no podía verla así—. Un poquito si no la voy a acusar, además ese bebé que pronto llegará necesitará a una mamá fuerte no debí yo es decir...
—No está bien dame comeré la fruta, pero llévate el resto si.
—Esta bien, —Me levanté de la cama, tomé la charola pero antes de salir de la habitación me entró la curiosidad—, ¿Puedo preguntar algo?
Sofia asintió como respuesta a la petición.
—Sabe usted a qué se debe la cena, de esta noche?
—La verdad estoy igual que tú de intrigada querida. —Dijo Sofia encogiendose de hombros.
Salí de la habitación con más preguntas que respuestas, bajé nuevamente a la cocina a recibir órdenes de Carlota.
Al llegar mi hermana y Sisi iban saliendo, asumí que ya le habían asignado sus labores.
—Muy bien Carlota aquí toy que quieres.
Mi sonrisa se esfumó al ver la cara de cólico que tenía Carlota.
—Mas respeto niña quiero que dejes la habitación de la señora Valentina, como una tacita de plata una vez termines, sigues con la del joven Helios y el resto de las habitaciones de huéspedes.
—¡¿Qué la señora vendrá hoy?!
Eso quería decir que el evento de hoy era importante.
—Así que ve rapidito. —Ordenó el ama de llaves tronando sus dedos.
•••
Subí nuevamente comencé, por la habitación de la señora Valentina era enorme, me tomó casi una hora, no era que estuviera sucia pero la señora era quisquillosa y no quería dar motivos de queja, las siguientes cuatro horas me dedique a las habitaciones de huéspedes, por último la habitación de Helios estuve evitandola toda la mañana pero pues no tenía de otra al entrar su aroma; me inundó de recuerdos a pesar que él lleva casi dos año fuera de casa, su esencia seguía allí presente para mí suerte o desgracia.
Miles de recuerdos llegaron a mi, maratones de películas, horas y horas de videojuegos, podía pasar todo el día, verlo tocar la guitarra y oírlo cantar era para mí un momento mágico.
Sacudí mi cabeza, como si de esa manera pudiese eliminar tantos momentos. —Que estúpida eres Gabrielle, apresúrate mejor o nunca vas a terminar.
Abrí las ventanas, y tomé mis implementos de limpieza, mientras más rápido comience, más rápido terminaré, afortunadamente no duré tanto, solo me faltaba cambiar la ropa de cama, al quitar las almohadas y cogines, algo cayó a mis pies mis ojos se abrieron como platos al ver lo que había caído.
Lo tomé con delicadeza, era aquel oso de felpa que le regalé a Helios cuando éramos niños.
Recordé que quería regalarle, una guitarra de edición especial, pero pues no tenía como dársela; Charlotte y yo fuimos a una tienda y allí estaban esos estuches con material incluido para hacer tu propio osito de peluche, aún tenía los ahorros de mi alcancía y lo compré, me tomó dos semanas fabricar ese oso.
Aún recuerdo que pensé mucho en si dárselo, o no dárselo, cuando ví el montón de obsequios en su fiesta de cumpleaños, me sentí tonta dando mi osito de peluche.
Una lágrima, traicionera bajó por mi mejilla, no se si por nostalgia, o por recordar tantas cosas pero sentí una opresión en mi pecho al saber que aún conserva el obsequio, que le di cuando éramos niños.
El celular sonó, haciéndome dar un brinco de la cama, lo saqué de mi bolsillo, al ver quién era dude si contestar o no hacerlo, finalmente contesté la llamada.
—Hola Zackary.
—Hola pequeña bruja ¿Me has extrañado? —preguntó él, al otro lado de la línea.
—¿Debería?
—¡Auch corazón! ¿Por qué tanta frialdad ma petite? —respondió seductoramente él.
—Estoy trabajando, si no tienes nada importante que decir, voy a colgar.
—¡Oh pequeña brujita, disculpa aquella vez estaba, algo pasado de copas no fue mi intención robarte aquel beso, pero desde que te vi aquella vez en París no sales de mi cabeza.
—Ok te perdono, pero ahora dime ¿Qué quieres? —pregunté nuevamente con fastidio tenía prisa, quería terminar mi trabajo.
—Gabrielle quiero hacer las cosas bien contigo, pequeña brujita está noche tengo una cena y quería que fueses mi acompañante linda ¿Que dices?
—Lo siento galán, debo trabajar está noche.
—Eres mala Gabrielle en casi tres años, solo se tu nombre, tu número de celular y que eres amiga, de la pequeña Charlotte al menos dame tu dirección para poder visitarte.
—Bye. —Colgué la llamada Gardner era buen chico, algo alocado y atrevido, o bueno muy atrevido me atraía su personalidad, despreocupada y bohemia...