— Pasa algo? — Le pregunto intimidado, por la forma en que me mira. — En verdad quieres saberlo?. — Pregunta seria, alzando una ceja. Asiento inocentemente. — Bueno, ya lo sabes, pero te haces el de la vista gorda. — Responde mordiendo su labio inferior. Toma mi mano y me hala dentro de la casa. Cierra la puerta y enrreda sus manos en mi cuello. — No sabes todas las cosas que provocas en mí. — Susurra a mi oído. Besa mi mejilla, mi barbilla y llega a mis labios cerrados. — Sólo déjame sanarte. Déjame hacerte feliz, Pablo. — Pide sobre ellos, entre leves jadeos. Para esas alturas, mi mente ya no está obedeciendo a mi cuerpo. Su lengua pide permiso para entrar a mi boca y ésta se lo concede. Siento una sonrisa formarse en sus labios, mientras el beso se profundiza. La levanto de

