Llego al río y un frío recorre mi cuerpo. Muchos años sin venir y todo está tan igual, que puedo sentirme como si hubiese vuelto a ser esa niña que se inventaba cualquier excusa, para venir a ver al chico que la hacía suspirar. Estoy justo al lado del árbol, nuestras iniciales están ahí, a pesar del tiempo. Miro a todos lados, pero no hay señales de Pablo. Camino un poco por la orilla, dejando que el sonido del agua me relaje, ya que traigo los nervios de punta. Me devuelvo y ahí está él, de espaldas junto al árbol. Mi estómago empieza una maratón de juegos artificiales, que no puedo controlar. Se da vuelta hacia mí, debido al sonido de mis pasos sobre las hojas secas. Me deja ver una pequeña sonrisa en sus labios y yo sólo saludo con la mano. — Gracias por venir!. — Espeta al est

