Salgo de clases, llego a casa y como dicen que al mal paso hay que darle prisa, de una vez hablo con mamá para saber a qué me atengo.
— Hola hija!. — Me saluda muy amorosa. Cosa rara en ella.
— Hola mamá!. —
— Qué tal el colegio?. —
— Normal. — Respondo encogiendo mis hombros. — Mira lo que me dió Mónica. — Digo enseñándole la invitación.
Mira el sobre y me mira a mí.
— Eliza, ya hemos hablado de las fiestas ... — Me recuerda en tono gruñón.
— Lo sé mami, pero mira que son los quince de mi mejor amiga. Por favor! Me conoces, sabes que no te daré problemas.— Le rebato casi de rodillas.
— Está bien!. Eso sí, llegas a la hora que yo te diga y nada de licor. — Responde.
Sonrío como loca mientras beso su mejilla y le agradezco.
Voy a mi habitación y me tiro en la cama mirando a techo mientras suspiro feliz.
Llega el día de la fiesta y mamá contrató a una estilista, quien me maquilla natural y me peina con un recogido en el lado izquierdo de mi cabeza, que deja caer mis ondas hacia mi hombro derecho.
Me pongo un vestido color vinotinto estilo tutú, ajustado hasta la cintura y que llega a las rodillas. A demás, me calzo unas sandalias tacón medio.
— Hija te ves hermosa!. — Dice papá antes de ir a dejarme en el lugar de la recepción.
— Te ves muy radiante mi niña! Diviértete y ya sabes las reglas. — Completa mamá mientras me da la bendición al salir.
Al llegar, bajo del carro y entro al lugar.
Veo a Mónica que corre a abrazarme. Luce preciosa con su vestido embombado color verde manzana y con su corona de princesa en medio de sus rizos.
— Eliza, estás hermosa amiga. — Me dice al tomar mi mano y hacerme girar.
— No más que la agasajada, pero gracias — Le rebato sonriendo.
Le entrego su obsequio, mientras me invita a sentarme.
Me quedo hablando con algunas de nuestras amigas del colegio y veo entrar a Pablo.
Creo que no pude disimular mi cara de estúpida. >>
Está realmente guapo.
Viste una camisa gris de manga corta y un pantalón elegante beige con unas zapatillas muy bien lustradas. También trae su cabello bien motilado.
Nuestras miradas se cruzan como nunca antes.
Saluda rápidamente a Mónica y llega a la mesa donde me encuentro.
— Hola señoritas!. Cómo están? —
— Hola Pablo, bienvenido!. — Saludamos todas.
Se sienta a mi lado y besa mi mejilla.
— Estás preciosa!. más que la misma quinceañera — Me dice al oído.
— Muchas gracias!. Tú también estás muy guapo. — Le respondo sonrojada.
Pasan unos minutos y suena una canción de baile.
Se levanta y extiende sus manos invitándome a bailar.
Las tomo y nos dirigimos a la pista.
Ninguno de los dos había bailado antes, pero nos dejamos llevar por el ritmo.
Pongo mis manos tímidamente sobre sus hombros mientras el pone las suyas en mi espalda.
No sé cuántas canciones bailamos. Sólo escucho los latidos de su corazón y no pienso en nada más.
Mónica baila el valls, le cantan el feliz cumpleaños y llega la serenata de sus padres.
Nos tomamos fotografías, comemos y bailamos hasta que llega la hora de irme .
Me despido de Mónica y Pablo se ofrece a acompañarme a casa.
No conseguimos taxi, por lo que tenemos que ir caminando hasta encontrar uno.
Las sandalias me tallan, así que las tomo en mis manos y dejo mis pies libres.
Caminamos por unos minutos mientras hablamos y reimos de tonterías.
De repente tropiezo y en reflejo, me agarro de él, así que caemos ambos al suelo quedando él encima mío.
Desobedeciendo a mamá, me tomé dos copas de champagne en el brindis y como no estaba acostumbrada, me logré marear un poco >>
Las carcajadas son ensordecedoras.
De un momento a otro, nos quedamos callados mirándonos a los ojos.
— Mírate, ya estás velludo las manos. — Le digo burlona, al notar de cerca uno de sus brazos con sus pelitos erizados.
— No habían causado antes ésta reacción — Me responde serio y siento el corazón queriendo salir de mi pecho.
Se acerca y choca sus labios con los míos en el más dulce beso.
— Hace mucho quería hacer eso!. — Dice aún sobre mis labios.
— Yo también!. Le respondo con una sonrisa.
Besa nuevamente mis labios. Luego, me ayuda a levantar y seguimos caminando hasta la avenida principal, dónde encontramos por fin un taxi para ir a casa.
Llegamos con mucha precaución de que mamá no descubra que él me acompaña.
Me bajo del taxi, entro sigilosamente y cuando estoy cruzando la sala, se enciende la luz.
La sangre se me enfría.
— Mami, despierta a esta hora?. — Pregunto con la voz temblorosa.
— Preferí esperarte. — Responde y me escanea de arriba a abajo. — Qué tal la fiesta?. —
— Muy bien má, todo genial. — Le relato.
— Súper!. Ven, vamos a dormir! — Me dice mientras besa mi frente.
Entro a mi habitación y suspiro aliviada, ya que no me descubrió.
No dejo de pensar en lo que acaba de pasar con Pablo. Definitivamente me siento en las nubes.
Termina el fin de semana y volvemos a clases.
Verlo desata una cadena de juegos artificiales en mi estómago.
— Mi Eli!. — Me saluda y su abrazo me llena de electricidad.
Todavía faltan unos minutos para empezar la jornada, por lo que toma mi mano y me lleva hacia un salón que no se ocupa.
— Qué hacem ... — No alcanzo a terminar la pregunta y me planta un beso que correspondo de inmediato.
Llevo mis manos a su rostro y lo acaricio mientras nuestros labios se recorren.
Nos separamos y pone su frente con la mía.
— Perdóname, necesitaba esto para empezar la semana animado. — Me susurra.
— Loco!. — Le respondo risueña.
— Si así me tienes, yo qué culpa?. —
Me dice acariciando mi rostro.
— Sabes? Creo que es hora de que cumplamos la primera parte de nuestra promesa... Hace una pausa. Quieres ser mi novia?. Completa y me quedo paralizada.
— Ay Pablo, bromeas?. — Es lo que más deseo — Le respondo con la voz temblorosa.
Sonríe feliz mientras me abraza lo más fuerte posible.
— Pero creo que tendremos que ser cautelosos mientras encuentro el momento de decírselo a mamá. Sabes lo que piensa de tí. — Le digo nerviosa.
— Yo lo menos que quiero es causarte problemas, así que será como quieras mi niña hermosa. — Me responde resignado mientras toma mi mano y regresamos con disimulo para iniciar la clase.