Capítulo 22. Decadente

1492 Palabras

Atención: este capítulo puede contener escenas que puedan herir la suceptibilidad del lector. Durante todo el día Evan la dejó tranquila. No apareció, no la buscó, no mandó ni un mensaje. Abby flotaba en ese silencio pesado de la casa, con el cuerpo todavía sensible de la noche anterior, la piel oliendo al protector solar que encontró, cloro y sal marina. Sin ropa que ponerse, se había puesto la bata de seda blanca, la dejó abierta por delante y bajó a la piscina. El sol del mediodía le pegaba fuerte en los pechos y el vientre, calentándole la piel hasta que sentía un hormigueo dulce. Se recostó en la tumbona, la seda pegándosele al cuerpo sudado, y dejó que el aire caliente le rozara los pezones endurecidos y la cara interna de los muslos. Cada tanto un empleado aparecía sin hacer ruido

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