Capítulo 1: Ser vista

4190 Palabras
Narrador: Lion El sonido de mi anillo golpeando en el cristal era lo único que se escuchaba en esta tediosa oficina. El reloj que tenía justo en frente se movía despacio, quitando la poca paciencia que me quedaba. Sentía incluso gotas de sudor descender por mi rostro. Me mantuve fijo; quieto y duro como una estatua por al menos una hora. Nos habíamos comprometido hace un año y aún no teníamos fecha para la boda. ¿Por qué Chelsey tuvo que irse de esta forma? ¡Maldición! Ya pasó un mes y me siento inútil. Por lo general encontraba a las personas que quería en muy poco tiempo, pero es como si ella conociera todas mis jugadas. Y las niñas... Dios, mis amores, cuánto las extraño. Pasé estos dos años que tienen de vida cuidándolas como lo más amado, nacidas en cuna de oro y consentidas hasta que estuvieran completamente felices día a día. Recuerdo muy bien cuando cada una dio sus primeros pasos e incluso dijeron sus primeras palabras. Siena y Sky dijeron "mamá"; Chelsey estaba muy contenta ya que habían sido las dos el mismo día. Me sentía muy orgulloso de ellas. Pero Chloe... La más pequeña siempre fue diferente a sus hermanas. Es la única rubia de ojos celestes; mi adorada risitos de oro. Ella dijo "papá", lo dijo tan claro que parecía ya toda una adulta hablando. Ese día lloré y Chels se burló de mí por una semana. Observé con tristeza el enorme cuadro que tenía a mis espaldas. Ahí estábamos los cinco, sonriendo felizmente. Extrañaba a mis mujeres, las que me mantenían con los pies sobre la tierra. Es increíble cómo te vuelves loco cuando tus amores se van. La llamé cientos de veces, intenté rastrearla, seguir compras con su tarjeta, su cuenta bancaria, pedí datos sobre algún peaje, en el aeropuerto también por si se había ido del país. Nada, ella no había hecho absolutamente nada. Encontré su teléfono en una alcantarilla de Central Park. Estaba loco, había llegado a esos extremos solo para encontrarlas. Si sigue en la ciudad, entonces significa que la encontraré tarde o temprano. Pero si salió a otro estado y fue ayudada, entonces ahí sí se han complicado las cosas. Sus padres "supuestamente" tampoco saben dónde está. Sé que me están ocultando su ubicación, todos lo están haciendo, pero no puedo presionarlos. La puerta de mi oficina fue abierta brutalmente dándome casi un paro cardíaco. Mi madre entró hecha una furia seguida de mi pobre y nueva secretaria la cual no pudo detenerla. Apoyé mi mentón en mis manos antes de dejarla hablar. —¿Cómo es posible que le hayas negado a tu prima vivir contigo? ¡Sabes que necesita un techo ahora Lion! ¡Ya no le queda nada! —respiré hondo para darme tiempo a pensar una respuesta. —Exacto, se puede buscar una casa en alquiler. No pienso meterla en mi propiedad, no ahora con todo lo que tengo. —¿Pero qué te hará ella? Tiene 35 años, ya es una mujer grande que puede valerse por sí misma, ¿eso te causará problemas? —¡No quiero a esa mujer y sus mocosos en mi hogar! ¡Se acabó! Si tanto te preocupa pon a Lila en tu apartamento de Chicago, pero a mí no me arruinen más la vida. —¡¡Lion!! —su rostro estaba rojo. —Llévala a Noruega, hay una casa que podría gustarle. Pero ni se te ocurra poner a esa mujer bajo mi techo. No pienso darte explicaciones madre, pero soy un hombre adulto el cual tiene sus decisiones. Si piensas que puedes seguir mandando sobre mí entonces mejor vete. —¿Por qué no la ayudas? Tienes dinero y lugar... Estás perdiéndote a ti mismo. —Parecía a punto de llorar, pero a estas alturas ya no sentía pena. —Ella es la culpable de que mi mujer me haya dejado. No pienso perdonárselo nunca. ¡Ojalá y se muera en la calle, muerta de hambre por víbora! —antes que pudiera darme la tan esperada cachetada, sostuve su mano. No dijo nada. Me miró con los ojos cristalizados por varios segundos y de un tirón se soltó de mi agarre. Salió caminando como si no hubiera sucedido nada, elevando el mentón. «Creo que le he dejado disfrutar más de lo debido con mi dinero.» La pobre Sophia me observaba atónita desde la entrada. De seguro debe estar pensando que soy un monstruo comido por el dinero. Y de seguro en su casa les contará a sus familiares que Lion While no es quién dice ser. Es tan solo su primer día... —¿Me traes un café por favor? —intenté darle la mejor sonrisa posible para calmarla. Asintió avergonzada y se fue. Salí de While's más tarde de lo común. Últimamente estoy dejado mucho papeleo por andar distraído, ya no trabajo en casa para evitar pensar en eso todo el día. Comienzo a sentirme cansado, sin fuerzas y sólo por pasar el día entero sumergido en papeles sin apenas comer o ir al baño. Me abrieron las puertas de la mansión y enseguida me quitaron todo el peso que traía. Los empleados se habían vuelto muy atentos a lo que hacía luego de estar conscientes de la situación. Quizás querían que me sintiera mejor; ellos saben que yo no soy culpable de nada. —Se lo ve muy cansado señor, ¿Quiere que le dé un baño? —Orlando, el mayordomo principal, era el que me hablaba con su típico tono monótono. —¿Bañarme? ¿Tú? ¿Por qué harías algo así? —Se lo ve realmente agotado, en verdad queremos ayudarlo aunque sea un poco. Por favor permítame llamar a un masajista para cuando salga de la ducha. —Sí, creo que lo necesito. Subí las escaleras arrastrando los pies. Me paré en seco cuando vi nuevamente la imagen que hay detrás de mi escritorio en la oficina. En este caso, la imagen es enorme ocupando casi toda la pared libre que hay en el descanso. Reaccioné antes de que pudiera ser invadido por otros recuerdos y seguí subiendo. —¡¡Amanda!! —grité una vez ya en mi habitación. Una anciana regordeta y de apariencia simpática entró confundida observando el lugar. Sabía que estaba cerca. —¿Qué ocurre Lion? —Quiero algo con chocolate... —jadeé. La mujer gruñó molesta. —Te harán mal, últimamente solo comes porquerías. ¿Cuándo fue tu última buena comida? —Bueno... —tenía razón, estoy comiendo mal desde hace una semana y media. Amanda es como mi abuela. Ella se encargaba de las trillizas cuando nosotros no podíamos. Es un amor de persona y todos le tenemos mucho cariño. Los empleados más nuevos están aquí desde hace un año y la mayoría son personas que no tenían a nadie o en situación de calle, por lo que viven en la mansión. —¿Lo ves? Te haré una fuerte sopa para que recuperes fuerzas. —Sonreí a la bella anciana y caminé al cuarto de baño. Escuché que dijo mi nombre— Lion, quizás debas afrontar esto de una forma en que no te perjudique. Algún día volverán a verse y podrán hablar, pero mantente vivo hasta entonces. ****** Una semana después me encontraba abotonando mi chaqueta. Odio los trajes, pero debo llevarlos quiera o no, además descubrí que me sientan bastante bien. Adoro la ropa y siempre busco tener algo de estilo propio; eso lo heredé de mi abuela, ella era estupenda para vestirse. Tengo una reunión muy importante con varios empresarios residentes en Nueva York. Creo que es más bien una junta amistosa donde charlarán, harán chistes malos y beberán vino. Nada interesante pero debo ir por cortesía. Desde que estoy entre los tres más ricos, todo cambió bastante. Las personas me tratan con mucho respeto, siempre quieren estar conmigo, me ofrecen negocios y sobre todo, buscan mi seguridad. Ya no puedo ir a un lugar sin tener que estar acompañado por guardaespaldas. Necesito choferes, pilotos, aviones privados... Es un gran dolor de cabeza. Tampoco puedo hacer fiestas en casa por mi cumpleaños o algo así. Recuerdo que junto a Chelsey habíamos acordado que las niñas recibieran educación en casa con los mejores profesores de la ciudad. Eso significaba no darles libertad para acostumbrarse a su entorno, pero en estos tiempos es lo más seguro para ellas. En fin, salí de casa yendo al estacionamiento donde ya me esperaban los gigantes y el chófer. Debía admitir que tenía un extraño dolor de cabeza. —¡Buenos días señor! —dijeron todos al unísono. —Buenos días. Más vale que esto me lleve poco tiempo, odio esas reuniones. En el camino fui leyendo papeles y papeles que ya me estaban volviendo loco. Había comenzado a utilizar anteojos para descansar la vista cuando ya sentía jaqueca; los años sí llegan solos... Por Dios, sólo tengo casi 28 años. —Llegamos. ****** «El señor Lion While ha llegado» gritó un hombre a mi costado logrando irritarme. Me hizo acordar a una época hace cientos de años donde los guardias anunciaban la entrada de sus reyes. Bajé las escaleras del hermoso salón y rápidamente los empleados se llevaron mis abrigos. Sentía que era parte de la nobleza al ser tratado con tanta atención. Pase lo que pase nunca lograré adaptarme a esta vida, yo soy más... informal y relajado. Pero estamos hablando de que estoy con hombres mayores de 40 años. Sus vidas y costumbres son diferentes a las mías. —¡Ah señor While, bienvenido! —¿Warren Buffet? Él no vive aquí... ¡Ah! Lo invitaron de todas formas. —Buenas tardes. ¿Disfrutando de las charlas? —comenzamos a caminar entre las personas. Esto parecía una fiesta: hay mesa de comidas, música y personas bailando. La verdad es que hay más gente de la que pensé. —Sí, sí, todo por ahora marcha de forma agradable. En fin señor While, solo quería saludarlo. Si me permite regresaré con mi esposa. —Adelante, un placer haber platicado con usted. —El placer fue mío —y se marchó sin más, dejándome solo en medio de esta multitud que me causa pánico. —Se supone que él no iba a venir. Escuché esa voz que conocía tan bien... Comencé a buscarla, debía estar por algún lado de este enorme lugar. Me moví entre las personas, mirando hacia todos lados intentando ver ese rostro conocido, pero no tuve éxito. Sin embargo, sí vi otra figura conocida desde un balcón en el segundo piso. Jackson se estaba subiendo a un vehículo acompañado de alguien que no pude distinguir. Apenas subió, se fueron a una gran velocidad. «Era ella... Está aquí en algún lugar de Manhattan.» Busqué mi teléfono en los bolsillos y al encontrarlo marqué el número de mi hermano. Lo tenía por las dudas y ahora mismo me va a ser muy útil. Sonó y sonó, haciéndome pensar que en verdad no me va a contestar, pero milagrosamente lo hizo luego del quinto tono. —¿Qué? —dijo secamente intentando disimular que está escapando con ella. —Si sale de Nueva York, dile que sabré perfectamente dónde está. Ahora sí querido Lion, Chelsey se ha escapado y no podrás volver a verla. Ahora mismo debe estar ya planeando su salida. No puedo encontrarla tan rápido; conseguir los datos me costará bastante. Ella no lo sabe, y tengo la esperanza de que se quede... Pero no lo hará. De todas formas fue algo tonto de su parte el haber venido con toda esta situación. O quizás... quería que la viera. —Jackson no estoy bromeando. No busco hacerle daño, la quiero devuelta porque yo no le he sido infiel, ¿comprendes eso? Necesito a mi mujer nuevamente y nadie quiere ayudarme. —Ella me contó lo que has hecho. —¡¡Que vió algo que no fue, maldita sea!! —golpeé con fuerza la mesa de la cocina donde nos encontrábamos hablando. —¡Ella está destrozada por tu culpa imbécil! Si tan solo no fueras tan mujeriego quizás duraban más —me está viendo con tanto odio que no creo poder seguir hablando con él. —Otro más que la quiere para él. ¿Ahora qué harás? ¿Cuidarás a tus sobrinas como si fueras tus hijas así la enamoras? ¡No seas patético! Aléjate porque no volverás a tenerla Jackson, ya no más —agarré una copa de vino que había cerca de mí y salí hacia la sala principal de la mansión. Lo había invitado para intentar sacarle algo, pero es imposible. Sentí que venía detrás de mí. —¿Crees que conquistar a Chelsey es fácil? Sin duda no sabes nada sobre ella. Yo ya la tengo querido hermanito. —Cuando cumplí 26 y ella organizó una fiesta en mi casa, supe que ustedes hablaron. Fue cuando todos se enteraron que estaba embarazada. ¿Acaso te deseó feliz cumpleaños a ti también? ¿Verdad que no? —sonreí con superioridad al ver su rostro—. Jackson, ella ya no está pendiente de ti. —No sabes nada... —gruñó. —Déjame adivinar... La mantuviste oculta por algún lado de Nueva York, la llenaste de mimos, hiciste todo lo que pedía, la sacaste a pasear, le compraste regalos a las niñas y muchas cosas más. ¡Ah! Pero todas las tardes debías soportarla viendo noticias con respecto a mi persona —tensó su mandíbula y reí—. Apuesto a que estaba muy pendiente de todos mis movimientos y hablaba mucho de mí. —Cállate... —No me obligues a callarme, recuerda que estás en mi casa —miró hacia otro lado por unos segundos mordiéndose la lengua, pero volvió a verme listo para soltar el veneno. —Quiero verte sufrir cuando la veas otra vez en mis brazos. Quiero ver cómo te torturas sabiendo que seré yo el que ahora la tenga en su cama, dándole placer. Y sobre todo, quiero verte morir de rabia cuando tus hijas me digan papá... —lo mato. Algo me sostuvo a tiempo para evitar que no lo golpee. Varios empleados intentaban retenerme mientras veía en su horrible rostro una sonrisa arrogante. Agité mis brazos para llegar a su rostro y deformarlo. Se había metido con algo que no debía y no se lo voy a perdonar. —¡¡Suéltenme!! —por más que forcejeara no había salida, eran cinco contra uno. —Señor, cálmese. Amanda por favor escolta al joven Jackson a la salida —la anciana le abrió paso cortésmente a ese idiota para que se retirara. Por suerte no me miró más desde ese momento. —¡Orlando ya suéltenme! No haré nada, en serio. —Lo lamento pero usted está muy alterado con este tema, recuerde que solo queremos ayudarlo. Lion... Ya basta, han pasado seis semanas desde que se fue. Cálmate y deja que el tiempo lo arregle —cuando Jackson ya no estaba dentro de la casa, por fin todos me soltaron. —¿Sabes qué? Tienen razón, debería comenzar a tener una vida nueva olvidando ese problema. Debo superarlo y dejarlo atrás así se me hará corta la espera para poder verlas y... Sí, en verdad yo ahora volví a estar soltero y sin compromisos. Solo están las niñas, pero ellas deben vivir felices con su madre —murmuraba para mí mismo mientras iba de un lado al otro. —Lion... —era Amanda quien me hablaba. —¿Sí? ¿Ya se fue? —¿Por qué no mejor sales hoy por algún club y te diviertes? Llevas mucho tiempo sin vivir bien y... —¿Solo? —todos asintieron. Revisé que en mi bolsillo tuviera mi billetera, el teléfono y las llaves para luego salir como bala en busca de uno de mis autos. Creo que me apetece ir a WhyWork; un club nocturno muy divertido que hay por el centro. Admito que no volví a vivir de este modo desde que acepté ir enserio con Chelsey hace ya tres años, y ahora no sé si soportaré una noche completa. Me acostumbré a estar en casa con las niñas. Llegué a la gran manzana en un periquete ya que no había casi nadie en esas calles. Antes de que bajara, me tomé unos minutos para observar qué tan concurrido estaría hoy el club. Habían varias personas, pero nada que no se pueda soportar. Debía tener cuidado, todos ahí dentro van a reconocerme. Cuando bajé y me asomé a la entrada, ni siquiera necesité hacer fila. Me guiaron hacia el tercer piso donde se supone que es la sala VIP y me asignaron una camarera muy guapa para que me sirva toda la noche. Digamos que este club no es... de gente honrada. Si no estoy mal los dueños son mafiosos, pero el local es totalmente legal así que pueden tenerlo sin problemas. De hecho, ahora mismo estoy sentado solo en la mesa continúa a la de ellos. Son tres hombres ya ancianos, de traje y con semblantes serios que beben y juegan poker. Lo típico. La chica rubia me dejó una copa de vino mientras me sonreía en forma coqueta. Debí mirarla indiferente, no puedo meterme en nada por ahora. Quizás más tarde... Noté que los hombres me observaban de reojo mientras le susurraban algo a un guardia. Enseguida lo tuve frente a mí con una pequeña sonrisa. —Señor While, los dueños desean que se les una para jugar algunas partidas. —Claro, me encantaría —tuve que poner la mejor sonrisa falsa que tenía. Me levanté seguido de la chica que aún no se había dignado a hablar. Se me cruzó por la cabeza que quizás había sido secuestrada y le cortaron la lengua para obligarla a servirles; hoy en día todo es posible. Me senté en la única silla vacía de esa mesa. Miré sorprendido a la rubia al haberme percatado de que se sentó en uno de mis muslos con total confianza. De todas formas la dejé, aún no me resulta una molestia así que la abracé por la cintura. —¿Qué hace Lion While en un sitio como este? —el primero en hablar fue un hombre que se encontraba entre medio de los otros, parecía ser el líder. Ahora el juego era el Chinchón, lo detesto; mi amigo Lucas me lo había enseñado un día cuando no teníamos clientes para ese hombre. —Antes venía seguido. Quiero volver a disfrutar un poco de la vida, ya sabe —suspiré—. Esos eran buenos tiempos. Tengo mucha presión encima, supongo que ustedes entienden eso. —Oh amor, pobre de ti... —ah, la rubia por fin habló. —¿Presión? ¿Cuál presión señor While? Usted está rodeado de lujos. —¿Acaso cree que yo estoy tirado en un asiento todo el día? ¡Sí tengo mi buena vida asegurada! Pero eso no quiere decir que mis empresas se manejen solas. Por algo estoy creciendo rápidamente señor... —Doblas Mansen. —Señor Mansen. Soy un hombre al que le gusta el trabajo y el dinero, así que hasta que yo no tenga a mis herederas prontas, no dejaré de joderme la vida metido en papeles —siete cartas fueron entregadas a mí, era un mazo bastante bueno ya que me tocaron ambos comodines. —¿Herederas? ¿Le dará sus empresas a mujeres? —uno de los hombres que no habían hablado hasta ahora soltó la lengua. Ya casi tenía la partida ganada. —¿Hay un problema con eso? Mis tres hijas serán las dueñas de While's, y si tengo más niños en un futuro entonces también lo serán ellos. —Yo escuché que tu esposa se fue... —ahora sí esta mujer ha comenzando a molestarme. Todos en la mesa me miraron expectantes. —Sí lo hizo, se fueron y no sé dónde están. Ella supuestamente vio que yo la engañaba cuando en realidad mi prima se me cayó encima. ¿Típico verdad? Lo hizo a propósito, quería que me separara de ella para arruinarme un poco la vida. El tema ahora es que no sé si luchar por recuperarlas o seguir haciendo como si no sucediera nada —corté con cinco y quedé sin cartas en la mano; gané. —¿Le doy un consejo? Haga como si no le importara. No sé cómo es su mujer, pero está claro que quiere darle una lección. Si ustedes en verdad se aman entonces llegará el momento para volver a estar juntos, se lo digo por experiencia ya que viví algo parecido hace años. —¿Y cómo acabó eso señor Mansen? —Me gritó luego de enterarse que me acosté con varias mientras estábamos peleados y la maté —la mejor historia de amor que he oído, de verdad. —Comprendo —dije alargando la última letra—. Creo que me iré a husmear por este lugar caballeros, un placer haber hablado con ustedes. —Si necesita algo, solo díganos —esas palabras tenían otro sentido... Bajé las escaleras hacia el segundo piso siendo perseguido por la rubia llamada Mía, lo sé porque me gritó su nombre al sentirse ignorada. Mi oído empezaría a sangrar si escucho otra vez su voz diciendo idioteces. —¿Puedes dejar de ser insoportable? ¿Cuántos años tienes? —dije parando en seco, haciendo que se chocara contra mi pecho. —Para tu información tengo 18. —¿Y con esa edad quieres meterte en mis sábanas? Estás desesperada niñita. —¡No estoy desesperada! Solo quiero hacerte pasar un buen rato —elevé ambas cejas mostrando sorpresa. —Veamos... Eres popular en tu instituto, una porrista, de esas que se creen las dueñas de todo y tienen sus seguidoras. Te va bien en todas las materias porque eres "responsable", te llueve dinero del cielo, posiblemente tu padre sea algún socio mío y quizás no lo sepa. Has tenido sexo con medio equipo de fútbol y eres de las zorras más plásticas que hay. Trabajas aquí para conseguir alguien con quien divertirte y gastar el dinero en zapatos. —¡Detente! —Y de seguro quieres acostarte conmigo para luego presumirlo, aparte de quitarme dinero o algo así. ¿Sabes? Ya estuve con varias de tu tipo hace mucho tiempo —no sentí nada cuando comenzó a llorar. Su maquillaje bajaba junto a las lágrimas dejándola terrible. —Necesito llamar la atención de mis padres de alguna forma. Quizás siendo problemática podía ayudarme a que al menos me regañen —puse los ojos en blanco y esperé a que continuará pero no lo hizo. Me lo pensé por varios segundos; esto no era bueno. Por favor, es diez años menor que yo, solo una niña que está cometiendo errores en su etapa de rebeldía. Tengo la oportunidad de ayudarla o acostarme con ella siendo indiferente. Ah... Creo que vas a cagarla otra vez Lion. Con el ceño fruncido la sostuve fuertemente del brazo para arrastrarla hacia una puerta que estaba algo apartada de todo el lugar. Al abrirla habían unas largas escaleras que desembocaban en un pasillo enorme repleto de habitaciones. «Este lugar solo sirve para el sexo.» La puerta que hay hasta el fondo siempre es custodiada por dos guardias, esa es especialmente para hombres como yo que buscan mucha discreción. Al acercarnos, no necesité decir algo; se apartaron para dejarnos entrar y les pedí que se retiraran. Una vez dentro ignoré a la chica que veía todo con admiración. Me concentré en buscar una cosa muy especial mientras desprendía la chaqueta y poco a poco quedaba con el torso descubierto. Escuché un jadeo de su parte... Es toda una inexperta que ha estado con puros niñitos. —Escucha bien lo que te diré Mía —encontré un cajón repleto de condones y saque una tira para mostrárselos—. Lo que pasará aquí, se queda aquí ¿quedó claro? Nada de presumir que estuviste conmigo, porque me llegas a arruinar la reputación por divulgarlo y juro que te haré desaparecer. Recuerda con quién te estás metiendo, así que guárdate el logro como uno personal —ella asintió repetidas veces muy nerviosa. —¿En verdad te acostarás conmigo? —sus ojos ahora brillaban con entusiasmo. —¿No es eso lo que querías? Si tú no quieres créeme que no tendré problemas, porque esto lo estoy haciendo obligado. Me das lástima, así que te dejaré sentirte importante por un momento. Si ignoramos tu personalidad irritante, eres buena chica. —Pero eso me convierte en una... —omitió la palabra—. ¿Qué hay de tu mujer? —Ya no es mi mujer preciosa, no por ahora y eso significa que yo puedo hacer lo que quiera con mi vida ya que estoy soltero. No hay ningún remordimiento en lo que haré, ella me dejó y además... quizás me ayudes a quitarme un poco las ganas —no pude evitar morder mi labio. —Esto me hace sentir rebelde y es tan excitante. ¡Sí, sí quiero, hazlo! —rodeé los ojos otra vez y me senté en la cama atrayéndola a mi cuerpo. Se sentó en mis muslos y comenzó a tocarme algo desesperada. «¿Qué diablos estoy haciendo?»
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR