Maximiliano Serena se aferra a su chaqueta como si de ello dependiera su vida. Debería haber insistido más para que fuéramos por una chaqueta que la abrigara mejor. Desabrocho mi chaqueta y me la quito. —¿Qué estás haciendo? —no le contesto—. Max, no es necesario que hagas eso. Estoy bien. Le coloco la chaqueta sobre los hombros y la cubro con cuidado. —Ahora todo está perfecto —me inclinó y besó su nariz, que está roja por el frío que hace—. Deja que te cuide como te mereces. Me sonríe y, tomados de la mano, seguimos nuestro camino. Despues de varios minutos, llegamos al lugar. Una mansión aparece frente a nosotros. Serena se acerca a la entrada y un hombre moreno, le sonrie al verla. —Señorita, no sabe cuanto me alegra que este aqui. —Abre el portón y le da un abrazo. —Creo que n

