Capítulo 33

1116 Palabras

Maximiliano Serena ríe a causa de las anécdotas que le cuenta el Señor Federico. No dejo de admirar a mi futura esposa ¡Dios, esa palabra suena tan bien! Siento que quiero gritarlo al mundo entero, que todos sepan que está maravillosa mujer será mi esposa ante Dios. Echo un vistazo a la hora en mi teléfono y ya han pasado las 12 de la noche. Es bastante tarde, no deseo interrumpir esta agradable velada, pero no es seguro estar a esta hora en la calle. Me incliné un poco para que solo ella escuche lo que le voy a decir. —Amor, ya es tarde —su rostro se frunce en un puchero y no puedo evitar reírme. Nos pusimos de pie y tomé su mano. Nos despedimos y salimos de la casa. —¿Te encuentras bien? —su mirada se detiene por varios segundos en la mansión. —Si —vuelve a fijar su mirada en mí—

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