Dennis no lo podía creer era posible semejante casualidad que aquella chica de la discoteca, la dueña de aquellos labios y fragancia que no podía olvidar, fuera la misma a quien venía a espiar para ridiculizarla públicamente, pero sí leyó su expediente y cuando vio su foto no se parecía en nada a ella, allí tenía el cabello rubio sujeto en un moño, lentes y era regordeta, nada que ver con la diosa que tuvo en sus brazos, bueno tampoco la había detallado demasiado con la poca luz del lugar nocturno, pero seria un total absurdo el no creía en el destino ni nada de esas chorradas. “Voy a dejarme de estupideces” pensó, quizá era una coincidencia lo de la fragancia y ya, llego allí para obtener los medios para acabar con ella no iba a desistir, él nunca visitó ese local desde que abrió, ellos

