CAPÍTULO VEINTIOCHO Erec estaba parado en una meseta en los acantilados, viendo la competencia que se efectuaba delante de él, las ovaciones subían de tono mientras cientos de hombres se enfrentaban frente a él. Tal vez a unos seis metros, había una amplia meseta, de cuarenta y cinco metros de diámetro en forma de un círculo perfecto, con una caída pronunciada alrededor. Había una enorme puerta de cobre alrededor de su perímetro, elevándose unos tres metros, para asegurar que ningún guerrero caería sobre el borde y que ninguno de estos encuentros tuviera como resultado la muerte. Sin embargo, seguía siendo un asunto serio. La competencia de este día dictaba quién tenía el derecho de retar a Erec para el reinado, a raíz de la muerte de su padre. Todos estos finos guerreros, hermanos en ar

