Con los primeros rayos del sol filtrándose a través de las ventanas, Ethan seguía acostado en el sofá, los ojos fijos en el techo, perdido en sus pensamientos, la luz dorada comenzó a llenar la habitación, disipando la oscuridad de la noche anterior, con cada rayo, el calor se hizo presente y el peculiar olor que lo había inquietado poco a poco se fue desvaneciendo en el aire, como si la luz del día lo ahuyentara. A medida que el ambiente se llenaba de calidez, Ethan sintió que la tensión de la noche se desvanecía, las inquietudes que lo habían mantenido alerta parecían menos amenazantes con la llegada del nuevo día, sin embargo, una parte de él seguía alerta, recordando que había algo en la noche que no podía ignorar por completo, con un suspiro profundo, se levantó del sofá, decidido a a

