Espero paciente que del otro lado la atendieran, pero nadie lo hizo, por lo que dejó escapar un gran suspiro, sintiéndose estafada por no haber obtenido una respuesta del otro lado, pero a los pocos segundos, cuando aún decidía si volver a llamar o directamente ingresar a volver a su trabajo, su celular sonó. Era su número. Y fue entonces que una sensación de nerviosismo e intranquilidad se instauró en ella. ¿Estaría bien contestar? ¿Estaría bien aceptar aquella locura donde terminaría seguramente mal para ella? Inspirando con fuerza, decidió atender. –¿Hola? –contestó sin saber bien qué decir, pero reprendiéndose en sus adentros por tan vaga respuesta. –¿Emily? ¿Es este tu número? –contestó él del otro lado. Emily rodó los ojos. –No, solo estoy usando este numero por si me co

