Pov Brahin La sostengo con fuerza de la cintura mientras avanzamos por la multitud de personas que tienen abarrotado el lugar. Está completamente mareada y la sonrisa que me dedica me lo indica y más cuando sus pies parecen confundirse de dirección a cada nada y tengo que sostenerla entre mis brazos para que no se caiga. No me interesa salir del bar con su cabeza en mi pecho y mucho menos mientras le huelo el cabello. —¿Por qué mierda usas esa crema de peinar? —le pregunto y suelta una risita sin responderme. La ignoro porque sé que está fuera de sí y luego me subo con ella a la parte de atrás de mi camioneta. En el camino a la mansión O’brien siento como su respiración se vuelve suave a medida que avanzamos, indicándome que duerme. Detallo su rostro y suspiro: tantas mujeres que puede

