El mismo día Londres Bahir –Creo que lo sabes preciosa, voy a tomar lo que es mío por derecho– declara y empuja la puerta, pero forcejeo para no dejarlo ingresar. –Llamaré a la policía si no te marchas ahora. ¡Vete! ¡Vete! –exclamo con mi voz entrecortada y sigue empujando. –¡Bahir! Deja de hacerte la difícil, porque sabes que quieres ser mía, y necesitas un incentivo para que te quede claro de que eres de mi propiedad– grita con su voz enardecida mientras coloco mi peso en la puerta para detenerlo, pero él tiene las de ganar, porque es más fuerte y vuelve a empujar con tal violencia que termino en el piso. Miro sus ojos enloquecidos, su sonrisa perversa y me arrastro con mis manos apoyadas en el suelo mientras trago saliva. La Bahir temeraria y rebelde está congelada aumentando el

