Su corazón palpitaba aceleradamente. Sentía como si fuera una bomba que fuera a estallar. Aquella monumental hembra sabía que él la miraba y hacía todo lo posible por llamar más su atención y despertar su deseo. La chica tendría veinte o veintiún años. Su belleza era espléndida. Una sedosa cabellera negra azulada resbalaba en cascada hasta sus hombros. Se había quitado la blusa, descubriendo un vaporoso brasier n***o que apretaba sus senos duros y puntiagudos. Después, la voluptuosidad con que se quitó la falda para quedar en ropa íntima, toda del mismo color y la misma tela. —“¡Qué mujer! ¡Nunca había visto una belleza así!” —pensó él al ver el reflejo de la imagen de la chica en el espejo del baño. La distancia entre ellos era de apenas unos cuantos metros, lo que hacía la situació

