Larga charla, segunda parte. Narra Jashton Davinchi. –No encontrarías nada, porque nuestras vidas no existen. Esas simples palabras retumbaron una y otro vez en mi cabeza como una especie de eco. Esto me llevó a que detonara en mi cabeza una total confusión. ¿A qué se refería de que nuestras vidas no existían? ¿A su hermana y a ella? ¿Qué hay? ¿Que había? ¿Qué era eso? ¿Qué cubrían sus vidas? ¿Qué ocultaban? Separé nuestros rostros, ya que se encontraban unidos. Mis manos dejaron de sujetar su cintura, mi mirada se tornó en una de total confusión. Ya no sabía ni qué pensar. El viento soplaba con más intensidad, haciendo revolotear sus cabellos. Su pequeño rostro denotaba pureza angelical; sus pequeños y hermosos ojos me observaban intentando ver qué pasaba

