Salvador sale detrás de ellos, mientras Sergio se acerca a mí y me ayuda a poner en pie. —¿Qué fué lo que le dijiste, mentirosa?. —le grito a Julia, que está llorando junto a la cama. —Nada, que no sea cierto. Por andar en malas compañías, tuviste que abandonarla. Estabas presa, por traficante. —solloza. —Sabes que eso no fué así. Tú aprovechaste que no podía tenerla en la prisión y huíste con ella de la cuidad. La engañaste todos estos años, ¡ME ROBASTE A MI HIJA!. —Grito. —¿Cómo así?. ¿Tú no le diste la custodia de Samantha a Julia?. —Cuestiona Sergio, a mis espaldas. Lo volteo a mirar. —¿Eso te dijo?. —suelto una risa irónica. Vuelvo la mirada hacia Julia. —A ver, "hermanita". Dile a tu marido, cómo fué que planteaste todo esto. —Exijo. —¡Cállate!. —Ordena, pero la ignoro. —¡Vamo

