Lo miro con mis ojos de par en par y siento que se me hela la sangre. —¿Cómo?. —Pregunto, en un hilo de voz. —Monserrat, por favor. —niega con la cabeza. —Creo que es hora, de que hablemos sin filtros. Ya tenía mis sospechas desde el viaje, pero hoy, sin querer, escuché cuando hablaba del tema con Conny y entonces confirmé que es usted. —Agrega, tomando mis manos entre las suyas. Me suelto rápidamente, de su agarre. —¿Qué fué lo que escucho?. —Indago, nerviosa. —Que primero debía confirmar si era yo, el hombre de aquella fiesta. —Responde, encogiendo sus hombros. Suelto un suspiro y paso mi mano por mi cara, con desespero. —Sí, soy yo. Aquí estoy. —Confirma mirándome fijamente, por lo que mis ojos se llenan de lágrimas. «¿Cómo mierda se lo digo?». Pienso, frustrada. »Es que definit

