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607 Palabras

Me siento avergonzado y nervioso, lo que me preocupa es que eso no es típico de mí. Papá siempre ha mencionado que de mis hermanos yo soy el más rudo y despiadado. Cuando le tocó el turno de presentarse a la señorita, me puse atento a escuchar su nombre. Finalmente sé su nombre, es muy bonito: Aleyda. Mi corazón late como loco al escuchar su voz. Toda ella es preciosa y… me está poniendo todo mi mundo de cabeza. Ya lo dije, ella será mi perdición. —¿Puedo ser tu amigo?—. Pregunté antes de lanzarme a una conversación seria. —Gracias. Pero, no me gustan las amistades masculinas. Desconfío mucho y, mis razones tendré. —No soy alguien que te puede dañar, te lo prometo. Y sí, allí estaba yo suplicando como un perro que pide migajas de pan. Después de un par de veces que supliqué qu

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