La mansión de Miles Royce brillaba como un diamante incrustado en la ladera de la montaña. Candelabros de cristal iluminaban los jardines, reflejándose en las copas de champagne y en los vestidos de gala que se deslizaban entre columnas de mármol. La prensa se movía con agilidad entre los invitados, micrófonos y cámaras listos para capturar sonrisas, promesas de inversión y palabras que sonaban a filantropía, aunque muchas veces parecían más negocios disfrazados. Elena se mantuvo en un segundo plano, como correspondía a su papel. Mientras Adrian posaba con los niños para varios portales digitales y un canal de noticias. Observaba desde un costado, sosteniendo el bolso con las manos apretadas. Intentaba que su rostro no revelara el torbellino que llevaba dentro. Los trillizos lucían imp

