La música seguía sonando, pero ahora vibraba al ritmo de la tormenta que rugía afuera. Elena avanzaba entre los grupos de invitados con el corazón golpeándole en el pecho, mirando de un lado a otro. Trataba de localizar a los trillizos entre el mar de niños, adultos elegantes y niñeras uniformadas. —¿Has visto a los trillizos McGrath? —preguntó por enésima vez a las personas con las que se topaba. La mujer que en esa ocasión se encontraba frente a ella, era una niñera de vestido gris y peinado impecable que la observó de arriba abajo, con una mezcla de curiosidad y recelo. Sus ojos se detuvieron un segundo de más en el vestido de Elena, en la tela fina que caía y la hacía ver como si fuera una invitada más y no una empleada. —¿Se perdieron los niños que cuidas? —preguntó, cruzándose d

