AMÉRICA Busco algún indicio de que sea una habitación como la de la pareja que quiere ser vista, pero no; esta solo tiene un sofá. Las paredes están cerradas, no hay manera de escapar de esto. —Si lo que buscas son cámaras, no las vas a encontrar —me dice Bryce, quitándose la ropa. —¿Qué haces? —inquiero con cautela. —Lo que debí haber hecho desde que llegaste a la conclusión de que, haciendo que Alarik te besara y te tocara, ibas a lograr que te diera el divorcio —espeta con firmeza. —Ya no podemos estar juntos —declaro—. ¿Acaso no lo ves? Soy la hermana de la mujer que te iba a destruir. Te he engañado todo este tiempo, te oculté una hija, perdí a tu bebé, y estamos casados solo por contrato, uno que no debió ser. Trato de que entre en razón, pero al parecer no lo logro.

