Mientras Georg sentía estar a punto de vomitar sus vísceras. —Es… veneno para ratas —explicó la mujer con tono indiferente, enviando una señal subliminal a sus servidores—. Mis hombres lo han aplicado por toda la casa no hace mucho. —Supongo que entonces no tendrá problema alguno en mostrarnos el envase vacío ¿Verdad? —arrojó Edward Colton. —Bueno —agregó Martín antes que Margott inventara algo—. Mientras ustedes conversan yo iré a las habitaciones superiores a ver si encuentro a Isabell. Debe estar por aquí. Margott, sintiendo corriente emanar desde sus vísceras hizo un ademán de dar un paso hacia él para detenerlo. —Usted aquí, con nosotros, señora —le dijo Colton con carácter en su voz neutral, lo cual la frenó, pero no sin abstenerse de voltear de nuevo hacia las escaleras que su

