Georg tragó saliva con fuerza, moviendo un pie hacia atrás, sintiéndolo como si tuviera zapatos de plomo. Retrocedió un paso, entonces aquella bestia dio otro hacia adelante. —Es tiempo de irnos, Isa —avisó Martin abandonando el lugar junto a Pata de Elefante y situándose a un lado de su pareja—. Vamos —dijo antes de tomar el c*****r de Juliett en sus brazos—. Yo la llevaré, pero debemos irnos. Isabell no se opuso en lo absoluto, solo lo siguió mientras él se abría paso por las escaleras cuesta arriba, ella le alumbraba con la linterna como podía. Llegaron a la superficie y caminaron por el mismo sitio que antes habían recorrido, tropezaron con c*******s abandonados que quizá estuvieron expuestos a la radiactividad en aquel momento de la explosión. Flash-

