Las paredes de aquel hospital psiquiátrico parecían estarse haciendo más blancas y la habitación más chica, las voces de las enfermeras se amortiguaban debido a la puerta cerrada que impedía a medias la vista de lo que dentro había. De haber podido Isabell hubiera elegido otra familia en la cual crecer, aquel montón de secretos, verdades oscuras, abismos de incertidumbre y cadenas de amargura tenían su mente inmortal a punto del colapso. —Seguramente te preguntarás quien es Maxy —habló nuevamente Margott, Isabell mantenía sus manos intangibles flojas, colgando de sus brazos inmóviles—. Todos en el orfanato me preguntaban lo mismo. Dije la verdad pero nadie me creyó —la mujer de traje blanco tragó saliva con fuerza para proseguir luego—. Maxy es el único que estuvo conmigo desde

