Negándose a quedarse en esa habitación, Adkik la subió a su maserati y condujo a la Toscana, hasta el Resort Atlantis. Él no permitiría que su Dama viviera en condiciones deplorables. Shaindel antes de marcharse le dejó una nota a Adeline diciéndole que la contactaría cuando tuviera otro lugar donde ocultarse. Por primera vez Shaindel tuvo la experiencia completa de un viaje a solas con Adkik. Lo miró serio conduciendo, con una mano en su muslo y otra en el volante. Shaindel giró el cuello y solo lo miró. —¿Qué haces? —le preguntó él. Shaindel cruzó la pierna. —Espero. Adkik aceleró cuando el semáforo cambió. —¿Qué esperas? —Que decidas meterme en tu cama —replicó en gracia. Adkik sintió como su erección palpitaba en su pantalón. Shaindel amaba molestarlo. Parte de su renuencia

