Una hora después de ser brutales con los guardias de Alev en el burdel, Grisa estacionó la camioneta en el muelle y arribó al crucero con Arinka en sus brazos. Por azares del destino, Levka se encontraba hablando con Adkik en el mirador cuando atisbaron las tres camionetas acercarse. Adkik se asomó y miró a Grisa adentrarse con una mujer cubierta con una sábana. Los hermanos se miraron y Levka dio enormes zancadas hasta el ascensor. Los planes de Grisa era mantenerla encerrada en su habitación hasta escabullir al médico para que la tratara, pero no contaba con que Levka era aún más peligroso que los hombres que enfrentaron. Convertido en un demonio, el ruso bajó el ascensor seguido de Adkik y entró al salón principal. No encontró a Grisa por ninguna parte, pero sí rastros de sangre que s

