Los hermanos partieron esa misma tarde con el destino marcado en un papel que el tiempo destrozaría. Viktor sentía que su corazón explotaría cuando descendió en Roma, donde se encontraba la mansión. La nueva localidad de Lionetta estaba en Florencia, algo alejado, pero no lo suficiente como para privarse de ir por ella. El problema nació cuando los nervios pudieron más que él y en lugar de conducir directo a la persona que no olvidó en casi dos años, decidió beber hasta perder los sentidos. Los Antonov estaban acostumbrados al licor, pero Viktor bebió tanto, que su cuerpo no soportó el grado de alcohol y se desmayó. Quizás esa no era la mejor forma de empezar su vida en Italia, pero lo ayudó a dejarse llevar por una vez en veintisiete años. Ignati descendió con Nina en la misma localidad

