Mi mente no terminaba de procesar que Andrew Collins, mi exnovio, estaba parado en la entrada de la habitación que ocupaba temporalmente en el hospital. Decir que había tensión en el ambiente se quedaba corto, mi madre se hallaba seria, algo sorprendida incluso, y conocía lo suficiente a Alex para saber que le hervía la sangre de la ira, James por otro lado, al no saber exactamente quién era Andrew, se notaba confuso ante la situación, pero la tensión e incomodidad que nos envolvía era imposible de ignorar incluso para él. Yo no sabía que o como sentirme al respecto, era una mezcla entre confusión, nostalgia, e incluso ira, ¿Qué estaba haciendo él acá? ¿A que había venido?.
-Buenas tardes. –Dijo con incomodidad. –Disculpen si interrumpo. –Hablaba con cautela, lo conocía bastante bien como para notar en su rostro esa expresión que daba a entender que ni siquiera él sabía que estaba haciendo o porque lo hacía. Estaba vestido con una sudadera negra, un suéter color mostaza y zapatos deportivos blancos, su cabello castaño medio se encontraba algo despeinado, a simple vista su outfit lo hacía ver despreocupado, pero sus ojos café claros demostraban todo lo contrario.
-¿Qué demonios haces aquí Collins? –Dijo Alex de mala gana, rompiendo el silencio, incluso se notaba el desprecio en su voz al llamarlo por su apellido. Al menos alguien se había atrevido a expresar en voz alta la pregunta que se hallaba en la mente de todos los que nos encontrábamos presentes.
-Disculpen que llegue de esta manera, es que vine a traerle unas cosas a mi madre. –Explico a nadie en particular. Claro, como pude olvidarlo, su madre, la señora Danielle, era pediatra en este hospital. Él continuó hablando. – Entonces alcancé a ver a la señora Cassandra en la cafetería –Dijo señalando a mi madre que le dirigía una mirada intrigante, analizando la situación con detenimiento. –La curiosidad me gano –Admitió en un suspiro. – Así que le pregunté a la secretaria de recepción. Fue cuando me entere de lo que te paso –Ahora hablaba en mi dirección, su voz denotaba incluso un poco de ternura y sus ojos algo se mostraron compasivos, lo cual solo sirvió para hacer que me invadiera una ira particular. No entendía cómo podía siquiera mirarme a la cara, ¿Acaso no recordaba lo que me había dicho tan solo hace un par de días? ¿Acaso no recordaba que me había roto el corazón sin siquiera importarle? –Y bueno.., quería ver cómo te encontrabas Sami.. –Dijo apenado mientras se rascaba la nuca alborotando un poco más su cabello. La palabra “Sami” hizo eco en mi mente, era el apodo que él me había dado cuando nos conocimos, él era la única persona que me llamaba de esa manera. Volví a sentir en mi pecho esa terrible punzada de dolor, la misma que me había invadido el viernes por la noche durante su llamada.
-Bueno, ya la viste, está bastante bien y no gracias a ti, por cierto. –Dijo Alex con ironía. – Ya puedes irte. –Ella estaba siendo bastante cruel con él, era la única que se atrevía a hablar. Yo me encontraba completamente petrificada, mi madre seguía contemplando en silencio lo que ocurría, y James se hallaba algo tenso, parecía ser que ya había comprendido un poco de quien se trataba.
-Alexandra, contigo no tengo nada que hablar. –Respondió Andrew con prepotencia. Fue su estúpida actitud la gota que derramo el vaso.
-¿Acaso tienes alguien presente en la habitación con quien hacerlo? –Dije con amargura, mientras me sentaba en la camilla para mirar mejor en dirección a Andrew. Luego solté sin siquiera considerar que mi madre se hallaba presente. –Vete al demonio, Andrew. No tienes absolutamente nada que hacer acá. No puedes venir acá, pretendiendo que nada ha pasado, alegando estar preocupado por cómo me encuentro. –Reí sin ganas, con extrema ironía. –Eso es bastante cinismo de tu parte a decir verdad, aún más luego de toda la mierda que dijiste en nuestra última conversación. –Las lágrimas comenzaron a inundar mis ojos, amenazando por salir. Pero esta vez eran diferentes, no se trataba de lágrimas de tristeza, ni siquiera de nostalgia, eran de impotencia, rabia y decepción. ¿Cómo había sido capaz de presentarse acá?
-Sam, yo… -Se notaba la sorpresa en rostro ante mi reacción. Había incluso palidecido un poco, y se veía realmente desconcertado.
-Chicos, ya, fue suficiente. –Era mi madre quien había irrumpido en medio de la habitación cuando Andrew iba a dar su respuesta. –Sam, recuéstate, debes descansar. –Dijo con severidad mientras me miraba, luego se giró en dirección a la puerta y añadió con el mismo tono. –Y tú, Andrew, lo mejor será que te marches. No es ni el momento, ni mucho menos el lugar.
Alcancé a ver por encima del hombro de mi madre como la mandíbula de Andrew se tensaba, su postura había cambiado completamente. Sus ojos se hallaban inexpresivos, y su boca se había transformado en una línea recta, la abrió levemente solo para decir.
-Está bien. Ya entendí. –Luego dio media vuelta y se marchó. Verlo irse me hizo recordar la naturalidad con la cual había partido de mi casa el viernes por la noche, y no pude evitar pensar que esta vez lo veía irse como quien realmente era: Una persona que ya no formaba parte de mi vida.
-Idiota. –Siseo Alex entre sus dientes mientras se acercaba a James, quien tomo sus hombros desde atrás, dándole un pequeño masaje para intentar calmarla. A decir verdad hacían una bonita pareja.
-Alex, creo que es mejor que nos vayamos, Samantha necesita descansar, y tú también. –Dijo James con cautela a su espalda. Él también lo necesitaba a decir verdad, ya comenzaban a verse un par de arrugas en la parte inferior de sus ojos verdes.
-No pienso irme. –Dijo Alex con tono esquivo mientras rodaba sus ojos.
-Ve a descansar Alex, a Sam podrían darla de alta en un par de horas o mañana por la mañana. Luego de eso puedes ir a la casa a quedarte allá si gustas. –Dijo mi madre con tono pausado pero agradable. Note como Alex relajaba un poco la postura ante sus palabras. Para ella mi madre era como una segunda madre, así como para mi madre Alex era una segunda hija, la conocía desde hace tantos años que ya sabía cómo tratar con ella dependiendo de su humor.
-Está bien. –Gesticulo Alex en un suspiro dejando caer completamente sus hombros como señal de rendición. Camino hacía la camilla y me abrazo. –Estoy orgullosa de ti, pequeña saltamontes, dijiste exactamente lo que tenías que decir. –Susurró a mi oído. Al alejarse me dedico una tierna sonrisa, la cual le devolví. Luego camino en dirección a mi madre, le dio un pequeño abrazo de despedida y se dirigió hacia la puerta, donde la esperaba James.
-Adiós Samantha, adiós señora Cassandra, fue un gusto haberlas conocido, espero verlas pronto. –Dijo James haciendo pequeñas reverencias con su cabeza en dirección a mí y mi madre respectivamente mientras sonreía con cansancio. Luego salieron de la habitación cerrando la puerta a sus espaldas.
-¿Te encuentras bien cariño? –Preguntó mi madre con cierta preocupación.
Suspiré. –No lo sé la verdad. – Dije mientras me recostaba nuevamente en la camilla mirando hacia el techo. – ¿Se supone que debo estarlo? –Pregunte con ingenuidad como una niña pequeña.
-No cariño, no debes. –Dijo mi madre con cautela. Hizo un corto silencio, parecía estar buscando las palabras adecuadas para seguir hablando. –En realidad nunca estarás obligada a sentirte de una manera en particular. Los sentimientos no se imponen ni nada similar. Solo sientes lo que debes sentir y ya. No hay más direcciones para ello.
-Mamá, ¿puedo preguntarte algo más? –Dije con curiosidad mientras reflexionaba sobre lo que acababa de decirme.
-Claro, ¿De qué se trata? –Preguntó con serenidad.
-¿Es normal que aún ame a Andrew, pero que a su vez no lo quiera cerca? –Dije con un leve dolor. A decir verdad aun me hallaba abrumada por la situación, recordaba una y otra vez la expresión de Andrew al escuchar mis palabras, recordaba como las había soltado así sin más, recordaba como el día anterior le había dicho a Alex que Andrew era el amor de mi vida, y sobre todo recordaba su respuesta. Estuvimos en silencio durante un par de segundos, aunque parecieron una eternidad, cuando mi madre hablo se dispuso a decir.
-Que lo ames no significa que lo necesites en tu vida. A veces conocemos personas que llegan a nuestras vidas solo con el fin de enseñarnos los errores que no queremos, ni debemos, cometer en el futuro. De ellos solo debemos aprender y continuar con nuestras vidas. Aunque no será fácil, no te voy a mentir en eso, pero un día despertarás y te darás cuenta que ya no lo amas, que solo es un recuerdo de alguien que en realidad no fue ni la mitad de importante de lo que creías. Y ese día sabrás que estás donde debes estar, con quien debas estar. –Finalizo.
Nos quedamos un gran rato en silencio, mi mente repasaba sus palabras una y otra vez. Esperaba que el día que ella mencionaba llegase pronto, estaba cansada de amores fallidos y personas fugaces. Quería a mi lado a alguien con quien construir mi vida, alguien con quien crecer, a quien acompañar en todo momento, quien me diese su apoyo incondicional, y muchas cosas más que siempre había anhelado. Estaba sumisa en mis pensamientos cuando de repente sonó mi celular. Se encontraba en la mesita que estaba al lado de la camilla, me estiré para alcanzarlo. Al encender la pantalla me percaté que había entrado un mensaje de un número desconocido, dude en abrirlo pero la curiosidad me ganó así que decidí leerlo.
“Espero no te moleste que Alex me haya dado tu número. No sabía cómo pedírtelo pero tampoco quería irme sin conseguirlo. Además, no tuve oportunidad de preguntarte si querrías salir conmigo algún día. Esperaré con ansias tu respuesta.
Marcus.”
No pude evitar sonreír al leer su mensaje.