CAPITULO 3

1841 Palabras
Iba llegando en bicicleta a Ovaltine Coffé cuando vislumbré la figura de Alex en la esquina de Granville St., al fin llegaba a un sitio antes que ella, y eso era un gran logro personal ya que ella siempre llegaba al menos 5 minutos antes a cualquier cita o reunión que tuviese. Se me ocurrió hacerle creer que llevaba rato esperando por ella, así que rápidamente asegure mi bicicleta en el espacio habitual al lado de la puerta y entre a Ovaltine antes de que Alex pudiese verme, fui a la mesa más próxima que encontré desocupada y me senté a esperar que ella llegase. Mientras esperaba me dedique a observar el lugar, venía acá desde que tenía catorce años y la verdad no había cambiado mucho, seguía siendo un lugar acogedor, tenía solo dos mesas con vista a la avenida de Hastings St., ubicadas en la entrada del local, el resto de las mesas estaban situadas alrededor del mismo, había una barra que ocupaba todo el extremo derecho del lugar, la cual era ocupada mayormente por comerciantes o ejecutivos que hacían una parada para comer antes de irse nuevamente al trabajo.  Cuando Alex entro me percaté que iba vestida con un blue jean oscuro corte alto que marcaba y resaltaba su figura, una blusa suelta color verde militar, tenis negros y una coleta alta.  No sé cómo lograba verse así de bien con el cabello amarrado, cada que yo intentaba utilizar una cola parecía una zanahoria malformada, ella por el contrario parecía sacada de la portada de una revista, todo le quedaba bien siempre. Le hice señas para que se acercará a la mesa en la que yo me encontraba, no pudo disimular su cara de sorpresa al ver que había llegado antes que ella lo cual me causo mucha gracia. Cuando iba llegando a la mesa me levanté para saludarla. -¡Samantha Maxwell, no puedo creer que hayas llegando puntual! ¡Definitivamente tiene que ser el fin del mundo! – Dijo riendo mientras me abrazaba. Al separarse se colocó algo seria durante una fracción de segundos y con curiosidad preguntó. – ¿Llevas mucho rato esperando? -Los milagros ocurren querida amiga mía. –Dije riendo- Y la verdad, sí, llevo casi 20 minutos acá. -¿Hablas en serio? ¿20 minutos? ¿Qué hora es?– Se notaba hasta horrorizada por pensar que había sido ella quien había llegado tarde en esta ocasión, incluso miro en todas direcciones buscando un reloj para saber la hora. -Sí, obvio que hablo en serio. –Dije con extremo sarcasmo y comencé a reír. -No puedo crees que me mientas de tal manera – Dijo con tono fingido de indignación – Por esa pésima broma deberás pagar la segunda ronda de café. Y hablando en serio ¿Cuánto llevas acá? -Si sacamos esas cuentas me vas a dejar en la ruina, y además, te tomarás todo el café de la tienda. Y para responder a tu pregunta, iba llegando cuando ibas cruzando por Granville St. – Continuamos riendo y bromeando un rato con respecto a ese tema. Hablar con Alex sobre cualquier tema se me hacía demasiado fácil y cómodo, podía ser sarcástica sin que se molestara, las bromas nunca faltaban y gracias a ello casi nunca quedábamos sin tema de conversación. Pedimos la primera ronda de café, normalmente Alex hubiese pedido un capuchino, pero esta vez ordeno un café hawaiano, alegando que “Estaba probando cosas nuevas”, mientras yo pedí mi favorito, un latte doble. Lo tomamos mientras hablábamos sobre los planes que cada una tenía para las vacaciones de Navidad, que se encontraban a tan solo tres semanas. Cuando nos sirvieron la segunda ronda de café Alex dio un sorbo al suyo y luego preguntó sin rodeos: -Cuéntame, ¿Qué demonios fue lo que paso con Andrew? – Esa simple pregunta dio un giro bastante drástico a la conversación. Durante un par de segundos me detuve a mirar la taza de café que se hallaba entre mis manos, mientras pensaba que responder. ¿Qué había pasado?, no tenía la más remota idea, aún era bastante confuso para mí. Luego de un suspiro me dispuse a responder con seriedad y nostalgia. -Para ser sincera, no lo sé, te juro que no lo sé, aun no comprendo que sucedió exactamente, solo sé que todo se acabó. – Me encogí de hombros y le di un sorbo a mi café. Alex se me quedo viendo por un par de segundos, estudiaba mis palabras, y se notaba por la tensión en sus facciones que estaba conteniendo la ira.  -Necesito más detalles, ¿Qué te dijo?, ¿Al menos te dio un motivo? – A ella nunca le había terminado de agradar Andrew, siempre dijo que él no era el indicado para mí, y yo siempre diferí en su opinión. -Dijo que ya no era lo mismo… – No pude terminar de armar la oración en el momento porque el nudo que se hallaba presente en mi garganta no me lo permitía. Respire hondo y como pude añadí –  Dijo que ya no me amaba.  -No puedo creer que haya dicho eso. –Se mostraba realmente sorprendida e indignada. – Sabía que era un cretino, pero jamás imagine que a tales magnitudes. ¿Cuándo termino contigo? ¿El viernes cuando fue a tu casa? -Me llamó luego de irse. Me dijo que teníamos que hablar. A decir verdad no pensé que se tratara de eso, pensé en todo, menos en eso. – Mientras lo decía recordé lo que hice ese día con Andrew. Cuando llego a mi casa me abrazo, luego estuvimos viendo una película de comedia recostados en el sofá, reímos mucho esa tarde. Mi madre lo invito a cenar y él accedió como de costumbre, luego de comer nos sentamos en las escaleras que estaban en la entrada de mi casa. Hablamos sobre la universidad y lo divertido que sería asistir a la misma universidad (Yo asistiría a la Universidad de la Columbia Británica, con Alex, y él iría a Simon Fraser, donde su padre había estudiado). Ahora que hacía memoria, él se hallaba algo pensativo esa noche mientras hablábamos, seguramente pensando en lo que me diría un par de horas después, en el momento no pensé que fuese algo malo, pensé que su mente divagaba en la conversación que estábamos teniendo. Al pasar un rato dijo que se le estaba haciendo tarde, que debía irse; cuando nos despedimos me pidió que lo abrazara fuerte, de haber sabido que sería la última vez que iba a hacerlo no lo habría soltado en toda la noche, me habría aferrado a él. Luego tomo mi cara entre sus manos me dio un beso en la frente, me miro a los ojos y me dijo que me amaba, se dio la vuelta y se fue, lo vi marcharse con toda la naturalidad del mundo, sin tener ni la mínima idea de lo que se vendría a continuación.  -Lo odio, te juro que lo odio. ¿Cómo fue capaz de eso luego de todo por lo que ustedes pasaron?, ¡Luego de todo lo que te dijo! – Estaba furiosa. Incluso había dejado el café a un lado mientras hablaba. -Desearía poder odiarlo como tú, pero no puedo. Por desgracia para mí lo amo más de lo que debería. ¿Cómo odiar al amor de mi vida?. – Dije mientras las lágrimas se hicieron visibles, queriendo escapar de mis ojos. Tape mi cara rápidamente, detestaba sentirme vulnerable, y detestaba aún más que alguien me viera de esa manera, incluso si esa persona era mi mejor amiga. -Sam, cariño, él no es el amor de tu vida. –Dijo con suavidad mientras me quitaba las manos de la cara y las tomaba entre las suyas de manera reconfortante. –Si lo fuese no te habría dejado por llamada, es más, ni siquiera te habría dejado. Si fuese el amor de tu vida estaría acá, sentado contigo, bebiendo una estúpida cerveza mientras discuten en qué casa pasarán nochebuena y año nuevo. Pero por el contrario estás acá, sentada conmigo, tomando café, mientras me cuentas como el imbécil ese te dijo que ya no te amaba, y además, ni siquiera fue capaz de decírtelo de frente con una explicación razonable. –Su comentario dolió bastante, había sido cruel y lo sabía, sin importar la manera en lo que lo hubiese dicho, la verdad dolía, pero ahí no acababa su discurso. – Adonde quiero llegar es que el amor de tu vida no se irá, no creará problemas ni excusas donde no los hay, se quedará contigo en buenas, malas y peores. Y Andrew Collins no está ni cerca de cumplir esas expectativas.  Me quede observando mi café mientras pensaba en lo que Alex acababa de decir. Y quizás ella tenía razón, pero aún no me hallaba lista para aceptarlo. No podía hacer como si nada hubiese pasado, no podía borrarlo de mi vida, fueron dos años de relación, pasamos por muchas cosas. -Oh vamos Sam, quita esa cara. Recuerda que el dolor no durará toda la vida. Debes seguir adelante como lo has hecho en el pasado. –Su mirada era dulce y compasiva. Por una fracción de segundos reflejaron un brillo particular. Y en ese mismo instante añadió – Se me acaba de ocurrir una brillante idea. Pero debes aceptar desde ya, y sin hacer muchas preguntas al respecto. – En sus ojos había una extraño toque de picardía que me generó curiosidad. -¿De qué se trata? –Pregunté al instante. No todas las ideas de Alex eran precisamente buenas y lo sabía por experiencia. -Hoy habrá una fiesta en English Bay, James, un chico que estoy conociendo, me invito, y creo que sería perfecto que vayas conmigo, así despejas tu mente. ¿Qué dices? – Había un brillo en su mirada indescriptible. Pocas veces la había visto con tanto entusiasmo por una fiesta, o por un chico.  -No lo sé Alex, sabes que las fiestas en las playas no son precisamente mis favoritas. –Dije poco convencida ante la idea.  -Vamos Sam, creo que lo que te hace falta es exactamente eso: Una fiesta. Además, hace mucho que no salimos juntas, considero que esta es la ocasión perfecta. Di que sí, anda, di que sí. –Coloco un puchero y me miraba como una niña pequeña que pedía con gran insistencia un helado. No me dejaría ir con un “no” como respuesta. -Está bien. –Dije algo resignada. Y rápidamente añadí – Pero desde ya te digo que no pienso tomar ni una sola gota de alcohol.  Alex se mostró bastante entusiasmada con mi respuesta, y dijo que debíamos ir a arreglarnos de inmediato. Así que nos levantamos, pagamos nuestra cuenta y nos fuimos en dirección a su casa pues quedaba más cerca de English Bay, además, dijo que tenía el outfit perfecto para mí. Yo seguía sin estar completamente segura de querer asistir, pero ¿Qué podía salir mal?.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR