—¡Maldita sea, despierta!—gritó Tom, dándole cachetadas continuas pero leves. Alma se sobresaltó y se quedó sentada en la cama, con la respiración agitada, con el rostro y cuerpo sudado, y nuevamente con lágrimas en sus ojos. Parpadeó en cuanto miró a Tom, ya que no se había despertado del todo y cuando tuvo noción del tiempo, lo abrazó con fuerza. —No dejes que ella me lastime. Por favor.—le pidió contra su hombro, y Tom la apartó unos centimentros para verla. Temía que estuviera a punto de agarrarle un ataque de pánico. —¿De qué hablas? —Ella quiere volver, dijo que ya no controlo esta vida.—dijo, empezando a llorar y dandolé a entender al chico que realmente estaba aterrada por esa idea. —Tú controlas la tuya, ella sólo busca conseguir el objetivo de asustarte.—la tranquilizó, pe

