Sam estaba con el cerebro a medio dormir. Despertó de golpe. Estaba agitado, pues había soñado con los matones. Se sentó en la cama, viendo la hora en su celular, iban a ser las tres de la mañana. —He dormido pésimo— se levantó. Iría a la cocina, por leche tibia—Parezco un niño con pesadillas. Salió de la habitación, y caminó escalera abajo. No se puso la bata, pues la mansión se climatizaba por la noche, evitando el frío. Caminó por los pasillos, llegando a la cocina. Encendió la luz. —Quisiera poder dormir, y no hacer nada— se decía, mientras sacaba la leche del refrigerador, y la vertía en una taza—Quisiera no seguir preocupado, y poder estar tranquilo— sonrió—Creo que estoy pidiendo mucho— puso la taza en el microondas. Se puso a esperar a que los tres minutos pasaran. Estaba

