Sam todavía trataba de volver del orgasmo y la fuerte impresión de tener a su amigo de infancia, frente a él, y aún más, tenerlo entre sus piernas. —¿Sam?— La voz de Leonardo se escuchaba distinta, como si su amigo del pasado se apoderara de su cuerpo—¿Me escuchas?. El castaño trató de volver en sí, resolviendo el conflicto en su cabeza y corazón. Miró a Lion tratando de sincronizar las palabras en sus labios. El rubio lo miraba, sin sacar su falo del interior, y eso inomodaba más la situación. —Creo-que-deberías salirte— le dijo Sam, apretando sus hombros—Lion. —No, no me saldré, hasta que me mires a los ojos. Sam no podía creer en la situación que estaba. ¿Por qué Leonardo no habló con él en otro momento, y no teniendo sexo?. No le quedaba de otra, por lo que tuvo que levantar

