—Dime si no te gustó, porque para mí no hubo nada igual. Negué, apartando mi rostro para que nuestros labios dejaran de rozarse, pero eso pareció molestarle. Carlos me tomó del mentón, me hizo mirarlo a los ojos y estrelló sus labios contra los míos, llevó su otra mano hasta mi cadera, la deslizó por mi pierna y la levantó hasta dejarla a la altura de su cadera, presionando su erección a mi sexo. Apreté mis labios para no darle acceso a mi boca, pero cuando su mano se abrió paso por mi falda y apretó mis muslos, no pude evitar jadear, cosa que él aprovechó para invadir mi boca y profundizar el beso. —Te hice mía esa noche, Susan. Y no puedes ser de nadie más. Me quería alejar. En especial porque en mi mente no dejaba de repetirse: «Christian» «bebés» «Ethan» «Ethan» «Christian» «be

