Betsy tragó en seco y se levantó de la silla metálica donde estaba sentada. Hizo una reverencia y sintió su corazón comenzar a latir con fuerza. —Mando Segundo —saludó. Él volvió a repararla y notó que había comenzado a temblar. —Tienes miedo —dijo Dober. Ella contuvo su respiración y sus manos comenzaron a jugar entre sí. Dober caminó despacio hasta estar frente a ella y la tomó con una mano de la barbilla. —Tiemblas cuando estas frente a mí, pero aplastas a los que crees que son más débiles que tú —gruñó—. Como a un Alma Blanca. Los ojos de Betsy se llenaron de lágrimas, pero las retuvo. Le enojaba tanto darse cuenta que no era capaz de enfrentarse a Dober: la seguía intimidando, haciéndola temblar hasta el punto de querer desplomarse. —¿No sabes quién es ese Alma Blanca?

