Capítulo cuarenta: Rescate y nuevo comienzo Mi cabeza no deja de girar, la punzada en la nuca es constante; mi estómago se siente pesado y la garganta arde destrozada por los gritos. No sé cuánto tiempo llevo aquí, mi acompañante no luce en una situación muy diferente. A ella la han golpeado; a mí, además de un par de cachetadas, solo me han amordazado. —Miley —mi voz apena se escucha. He destrozado mis cuerdas vocales—. Miley, háblame, por favor —sigo sin obtener respuesta—. Dime que estás viva. —Lo estoy —responde para mi alivio—. Solo ahorro fuerzas. —¿Te han herido de gravedad? —indago. —No. Solo tengo un par de golpes en la cara y creo que el hombro dislocado. —Tenemos que salir de aquí —murmuro. Mi bebé patea en consenso conmigo. —Tranquila, nos encontrarán —asegura. —¿Cómo

