Me di la vuelta rápidamente, listo para correr o pelear, pero Lachlan estaba completamente armado y me miraba fijamente. Levantó un brazo sobre su hombro, desenvainó su claymore y la sostuvo contra su pecho, preparado para golpear. —Ill Will—, dijo y su voz era tan suave como la brisa de verano y tan amigable como el gruñido de un lobo acorralado. —Nos encontramos, Ill Will—. Era tan ancho y feo como siempre, su cota de malla llegaba debajo de sus rodillas y la luz de las estrellas jugueteaba en todo el largo de su letal claymore. —En estas circunstancias—, coincidí observando la espada. Si Lachlan elegía matarme, no tendría ninguna oportunidad, pero incluso en mi indefenso estado aún era un guerrero. Podría correr de Alistair y Aela y sabría que estaba haciendo lo correcto, pero no pod

