Parte 3...
Se sentó frente a mí, siempre con la cara cerrada. Puedo decir cuando está realmente aburrida o cuando es un encanto. Esta vez estaba realmente molesta. Creo que fue el susto en mi sala de estar. Tal vez esta vez fue demasiado para ella. Pero en mi defensa, no esperaba encontrarme con ella de nuevo esta tarde.
Hacía las cosas con fuerza y agitación, casi con rudeza. Cerró la puerta de la nevera de un golpe y sacó la tapa de la tetera. Cuando se sentó, tiró de la silla haciendo ruido, arrastrándola por el suelo. Hizo cosas que mostraban que estaba realmente enfadado.
Quería reírme, pero me lo guardé. Me gusta cuando discute conmigo, porque me gusta molestarla, pero cuando se enfada mucho por algo tan natural, también me molesta. Aunque sea mi madre, no necesito que me regañe.
Ya no tengo cinco años. Soy un adulto de treinta y tres años y soy consciente de lo que hago.
Cuando volvió a resoplar, decidí hablar, aunque luego lo lamentara. Lo cual era bastante fácil de suceder.
- ¿Mamá? ¿Estás enfadada? - era algo obvio.
Cuando ella levantó la cabeza, ya me arrepentí de haber hablado. Habría sido mejor callar hasta que se calmara la ira. Hablé fuera de turno.
- ¿Qué piensas, Norton? - Descubrí que mi hijo es un pervertido. ¿Es demasiado poco para ti?
Estuve a punto de escupir mi jugo, pero me contuve.
- Y yo soy un pervertido, ¿por qué?
- Dos mujeres - levantó los dedos mostrando - Dos, al mismo tiempo - habló en voz alta - ¿Es algo que haces? Y en el lugar de trabajo.
- ¿Y por qué no? Estaba dentro de mi habitación, un lugar privado - me encogí de hombros y volví a comer.
- Hijo mío, esto no se hace -continuó-, estás perdido, no tienes sentido de la vida. Sólo vives alrededor...
- Mamá... - Suspiré - Mi vida está muy bien, gracias.
- No, no lo es - agitó el dedo con agitación - No se puede hacer. Estás descuidando tu vida. Estás trivializando tus relaciones.
Puse los ojos en blanco. Ni siquiera puedo quejarme. Mi madre tiene sangre italiana corriendo por sus venas, como yo. Y es una característica de las madres italianas el ser exageradas.
- Dio mio... Mamá, es sexo, no es gran cosa.
- El sexo es algo muy importante. Me decepcionas - sacudió la cabeza y miró su plato, moviendo el tenedor en su comida, pero claramente sin interés.
- Eres una anciana -dije riendo-. Hace tiempo que el sexo se ha vuelto tan normal y corriente que todo el mundo hace lo que quiere.
- No eres todo el mundo, Norton", hizo un mohín.
- El mundo es así hoy en día - lo intenté de nuevo.
- No me importa el mundo -alzó la voz-, me importan mis hijos. Estabas en un lugar de trabajo. Esto es absurdo. Una falta de respeto hacia sus empleados, incluso. Y cuando salí de allí, vi las caras de los empleados mirándome raro.
Respiré hondo y lo solté lentamente. Torcí la boca con fastidio ante este sermón. Sé que tiene razón sobre el lugar, pero cuando estás caliente, no existe el lugar ideal.
Por la expresión de su cara, me di cuenta de lo que estaba pensando.
- Estás pensando en papá, ¿verdad?
Asintió con la cabeza y dejó escapar una lenta respiración.
- Si Valteri estuviera aquí...
- No lo es, mamá... Desgraciadamente", hice un mohín, "ojalá lo fuera".
- Lo sé bien", sus ojos se llenaron de lágrimas, "¿quién fue tu última novia seria? Si alguna vez tuviste uno.
- Um... - Hice un pico torciendo mi boca - Déjame ver... - Bromeé con ella, creo que fue... No, ese no. Tal vez el... No...
- ¡Norton! - dijo mi nombre como advertencia.
- Ninguna, mamá - me eché a reír - nunca he salido en serio. ¿Por qué debería perder mi tiempo con una sola mujer? ¿Sabes cuántas mujeres hermosas y divertidas hay ahí fuera? Quedarse con uno solo es una estupidez.
- No es posible, hijo -dejó el tenedor- ¿Nunca has tenido novia? ¿Alguna chica que quisiera comprometerse?
- ¿Y por qué querría encariñarme con alguien? - Me reí como si fuera el dueño de la verdad - Los compromisos son aburridos, causan tedio y luego se acaba el amor que dicen por ahí - Me encogí de hombros - La mayoría de los matrimonios terminan después de dos años.
- Lo dices porque aún no has encontrado a la persona adecuada.
- No existe la persona adecuada, mamá -sacudí la cabeza.
- Cuando abras los ojos serás viejo y estarás solo -me señaló con su tenedor.
- ¿Y desde cuándo estar solo es algo malo? Señora Pauline, no estoy solo - reí con desprecio - Usted misma lo vio. Tengo compañía siempre que quiero. Todo lo que tengo que hacer es chasquear los dedos.
- Misericordia, Dios mío - levantó las manos mirando hacia arriba.
Me reí de nuevo. Mi madre es demasiado religiosa para nuestros tiempos. Demasiado anclado en las costumbres de antaño. Y después de la muerte de mi padre, se volvió más necesitada de atención.
Así que paso algunos días de la semana aquí con ella, aunque tengo mi propio piso. Cuando no soy yo, mi hermano menor Normam se queda aquí. Nos turnamos para prestarle atención. Y la atención es algo que exige mucho de nosotros.