Parte 2... La puerta cruje como si fuera a propósito para decir que he llegado. No han pasado ni quince días desde que puse aceite en las bisagras, pero parece que se ha vuelto a secar todo. Mañana lo haré de nuevo. Mi gatita blanca y negra levanta inmediatamente la cabeza cuando me ve entrar y salta sobre el reposabrazos del sofá. Como sé que quiere mi atención, le acaricio la cabeza y empieza a ronronear. Es una gata que rescaté en la calle. Un día la vi acurrucada en un rincón, junto a un escalón y me dio pena. Lo siento por los animales abandonados. Son los verdaderos ángeles que Dios pone en la tierra, pero la gente nunca lo entiende. Abrí la puerta y le ofrecí pequeños trozos de carne cruda y dejé que se acercara. Poco a poco fue ganando confianza. Dejé la puerta abierta y seguí

